Día 33 del virus

Doctora:

Me tomo el atrevimiento de escribirle estas líneas porque creo que es Ud. la única persona que me puede ayudar.

Hace unas semanas comenzó todo. El virus que al comienzo se mostraba inofensivo empezó a expandirse por todo mi cuerpo. Los primeros síntomas fueron insomnio y una ligera apatía. Ahora paso las noches sin poder dormir, sudando, temblando, creyendo poder oír a las sombras que se forman en las paredes de mi habitación.

No sé exactamente cómo empezó, pero tengo mis sospechas.

Al día de hoy me siento incapaz de sentir empatía por las personas. La fascinación del primer encuentro se desvanece al cabo de unas horas. ¿Cree Ud. que dentro de poco ya no podré mantener relación con el mundo exterior?

El virus es terrible; es una voz o muchas voces que hablan, gritan, murmuran, maldicen y nunca se callan. Voces que vienen de diferentes latitudes, como si mis otros yo de universos paralelos encontraran un punto en común para purgar sus pecados dentro de mi habitación y mi cabeza.

No creo poder seguir soportando estas visiones.

Por favor responda pronto, no importa la hora. Estaré a la espera de una respuesta.

 

Sociópata77

P.d.: No hay fondo, nunca hay fondo. No caeré lo suficientemente hondo como Alicia.

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