EMANCIPACIÓN Y REDENCIÓN. Más allá del Estado. Quinta Parte

Por Martin Uranga 

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De acuerdo a lo visto anteriormente, las diferentes corrientes emancipatorias seculares, tributarias del idealismo filosófico más allá de sus formatos materialistas explícitos, han entendido al Estado, coherentemente con esta perspectiva, en términos fetichistas. Así, la Emancipación queda afectada por un propósito exagerado de Redención. El colapso del registro existencial en el histórico, hace que las perspectivas de acabamiento del Estado fetiche, conlleven un fervor maníaco. Así, la Redención, al ser despojada de su especificidad existencial signada por el acontecimiento del lenguaje, revierte negativamente sobre el proceso emancipatorio. En vez de ser el soporte mítico-poético que apuntale la Emancipación nutriéndola desde la inscripción de su estatuto diferencial, tal como lo pretende Walter Benjamin de acuerdo a la primera de sus Tesis sobre el concepto de historia, termina otorgándole a la misma, desde el retorno alienante que genera el rechazo de la legalidad simbólica, una impronta oscura que la enajena de su particularidad esencial de ser la vía secular para el fin de la explotación, para transformarla en una pretensión omnímoda de alterar la raíz de la existencia a través de la praxis revolucionaria. De este modo, la Emancipación se convierte peligrosamente en una suerte de fanatismo que nos recrea la exaltación ególatra de la construcción de la Torre de Babel.

En su primera tesis sobre el concepto de historia Benjamin nos hace pensar en la relación necesaria entre Emancipación y Redención. En sus palabras, teología y materialismo histórico deben operar de manera inteligente y articulada. Idea una metáfora, inspirada en un cuento de Poe, en que un muñeco autómata (materialismo histórico) puede ganar todas las partidas de ajedrez que se proponga, por estar secretamente manejado por un enano interior (teología). Así, nos da una preciosa indicación acerca de cómo es posible pensar en la articulación del registro de la legalidad simbólica con la Emancipación. Es sólo a partir de esta distinción que podemos recrear un pensamiento emancipador despojado de idealismo, conciente de sus limitaciones y por lo tanto de sus potencialidades, abierto a las míticas fundacionales del orden simbólico. De este modo, podríamos decir que la propuesta de Walter Benjamin, requiere contemplar y accionar una práctica emancipatoria a la luz de la Redención.

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“Si bailas con Joyce, la crítica será poética”.[1]

Entrevista a Zacarías Marco realizada por Hugo Savino.

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Hugo Savino: Empiezo por la palabra Tejido: Joyce como un tejido. En este caso el del Retrato del artista adolescente. ¿Para hurgar en la rajadura de la tela como dice el novelista argentino Néstor Sánchez? Un hurgar con extensiones a Molly, la mujer que dice sí, y a Bloom.

Zacarías Marco: Hurgar en la rajadura de la tela es una expresión que impacta, es una bella expresión, no he leído todavía nada de Néstor Sánchez, querría empezar por “Nosotros dos”. Sí, me parece que la expresión da por hecho la valentía de aquel que se acerca al territorio de la transgresión, quizás asumiendo que es un acto inevitable. Me hace pensar naturalmente en Lucio Fontana, pero habría que precisar que creo que aquí se trata de un sentido más bien opuesto, pues la tela ya está rota y en vez de romper, se trata de reparar, de cómo se repara el tejido, de cómo se teje reparando el descosido. Esta reparación no puede ser sino matizada, es a un tiempo fallida y exitosa. Evitar un desgarro mayor no se hace sin pagar un alto precio. Utilizo la metáfora en el título del libro porque fue utilizada por Lacan cuando habla del tipo de clínica que el concepto de sinthome alumbra y del que Joyce es el inspirador, pero, sobre todo, porque el propio Joyce la utiliza. Como sabes, le comentó una vez a su amigo Louis Gillet “cuando tu trabajo y tu vida hacen uno, cuando están entretejidos en la misma fábrica…”. Lo que yo hago es una labor de acompañamiento. Joyce hurga en su rajadura, la de su ser, y lo hace, como en esta cita, con inaudita precisión. Lo que a mí me sale es hacer un eco a esa precisión. No se trata de quedarse fascinado con el hallazgo de una fórmula reparadora sino de intentar escuchar aquello que anima a esa precisión. Partir siempre de preguntas sencillas es complicado, llegar a las preguntas más elementales es todavía más complicado. Casi espera uno que le vengan. Me pareció un reto empezar por escuchar alguna de las frases sencillas que aparecen en Retrato del artista adolescente y que te agarran por la garganta sin saber muy bien por qué. Las extensiones a Molly y a Bloom fueron inevitables al ser la expresión del proyecto artístico que desarrolla teóricamente en Retrato.

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