Entre fiebre y razón. Una lectura psicoanalítica de Dostoievski

Por Ani Bustamante

 dostoievski

La construcción del psicoanálisis se cimienta en la invención del inconsciente, éste, es labrado por Freud con el cincel de la figura paterna y la arquitectura del Edipo.

Freud utiliza a Dostoyevski, como ya había utilizado otras figuras del arte y la cultura, para hilvanar fino sobre asuntos relacionados al padre, la culpa y el super yo. La compleja y rica vida del escritor, sus síntomas y dolores, sirven de “caso clínico” en el cual sostener el edificio teórico que construía a la sombra del positivismo científico imperante en la época.

Freud, sabemos, intenta dar un sentido a todo aquello que escapaba al dominio de la razón, interpreta síntomas -tanto individuales como colectivos- a través de la hipótesis de lo inconsciente y el mundo pulsional que ahí se articula. No deja, sin embargo, de experimentar el límite de lo imposible de analizar, y ante esto traza cabalmente una línea que deja claro que el saber es incompleto y que la castración opera en el corazón de las ciencias. Así pues, las “dotes artísticas” de Dostoievski eran reconocidas como inanalizables por Freud y el furor por la interpretación encuentra un tope, un agujero, que es, a mi modo de ver, la potencia misma del psicoanálisis.

Tanto Freud como Dostoievski comparten la pasión por el sentido y la explicación meticulosa, en la época de los grandes relatos, ambos saben construir ese texto con aspiraciones de totalidad que, sin embargo, deja entrever la falla constitutiva y la fiebre de la razón.

Tomando en cuenta esto recorreré las letras que vertiginosamente escriben esa fiebre en Raskolnikov (personaje principal de Crimen y Castigo) con los delirios y desasosiegos que se expresan en su ir y venir por la habitación, en el deambular por las calles embriagadas y en el acecho de un pensamiento que no cesa. Dostoievski parece afiebrar las líneas del texto, la velocidad va en aumento mientras la impotencia, el dolor y la pobreza parecen paralizar al personaje en un letargo de muerte que descubre, como reverso, un sobresalto febril.

El psicoanálisis ha bebido mucho de la literatura, en particular Freud ha desmenuzado el texto de Dostoievski para encontrar en él las huellas del parricidio, la culpa y la relación con ese padre de la horda tratado magistralmente en Totem y Tabú. Dostoievski nos da motivos de sobra para deleitarnos con el análisis del hombre moderno, su nihilismo y furiosa relación con la muerte. Pocos reglones tan jugosos encontramos en la literatura sobre esta condición humana.

Sin embargo lo que me interesa recalcar en este momento es el estilo, la letra misma y su compás. En este párrafo de Crimen y Castigo sobresale el pulso, el torbellino interrogativo que acelera el ritmo del texto y un imperativo que parece ir amarrado a la puntuación misma. Raskolnikov dice:

“¿Qué es esto? ¿Sigo delirando o es realidad? Parece realidad… ¡Ya me acuerdo! ¡Tengo que escapar! ¡Tengo que huir ahora mismo! Pero… ¿a dónde? ¿Y mi ropa? No veo las botas. Las han guardado, las han escondido. ¡Ya entiendo! Pero aquí estaban. Se les pasó por alto. El dinero está encima de la mesa, gracias a Dios, y también el pagaré. Agarraré el dinero y me largaré. Alquilaré otro cuarto, donde no me encuentren” 

Hay un parentesco entre Freud y Dostoievski, ambos se sumergen en los laberintos del alma, y ambos apelan al sentido como manera de organizarse frente al empuje de la pulsión. Freud, a través del Complejo de Edipo, encuentra una manera de regular las pulsiones y estructurar al sujeto en relación al deseo y la ley. Es por esto que pone énfasis en el padre -ese padre que es asesinado por los hijos en la ceremonia totémica- que, una vez muerto, dejará su huella simbólica.

Freud elogia Los hermanos Karamazov y dice que “es la novela más acabada que jamás se haya escrito”. En el tiempo de los relatos totalizantes, el Complejo de Edipo y la novela acabada son posibles, desde este lugar, el pensador confía en el sentido. La magnífica pluma de Freud nos demuestra su confianza en la palabra, ella se expande en explicaciones y justificaciones, en regodeos alrededor de casos clínicos y mitos para apoyar el sólido edificio de la teoría naciente.

Por otro lado, Dostoievski, palabra tras palabra, no cesa de reflexionar. Palabra tras palabra escudriña el pensamiento descubre sus reveses. Sus personajes argumentan, acusan, develan, mienten, razonan.

Y desmayan de fiebre.

Y este es el punto que quiero resaltar. La razón estalla y la fiebre toma la escritura.

Esta no cesa en su intento por nombrar, lo cual nos lleva a recorrer líneas interminables. El escritor no se rinde, nos ahoga, nos persigue. Una metonimia feroz parece amenazar con su voracidad por el sentido.

La maestría de Dostoievski está en la manera como, siguiendo la línea del sentido, nos va llevando al delirio. La puntuación alborota la razón y en la estructura del gran relato -ese que parece acabado- se introduce una imposibilidad, bajo la forma de fiebre, de cuerpo. Esta introducción de la fiebre detiene el pensamiento.

Freud encuentra que, pese a la interpretación, hay algo a lo que no es posible llegar, y lo llama “roca de la castración”. Con esto demarca el territorio de lo innombrable. El significante ¿puede domesticar esto?

¿Qué sucede con lo que no puede escribirse? eso que Lacan llama lo real, que agujerea el sentido y que puede desembocar en un acto, infrenable. Mandato del super yo hacia la muerte.

crimen_y_castigo

En Crimen y Castigo Raskolnikov, el asesino, es un joven inteligente y atormentado que vive en un cuchitril en San Petersburgo y que ha tenido que dejar sus estudios al no poder pagarlos y negarse a trabajar para hacerlo. Llamado a ser el hijo brillante e intelectual de una pobre familia conformada por una abnegada madre y una hermosa hermana.

Raskolnikov deambula por la calles de San Petersburgo para mostrar, entre la miseria y ebriedad, una gama de sentimientos y turbulencias. Va tejiendo redes que lo atrapan en un circuito insaciable y repetitivo, siendo presa del acecho de sus pensamientos (lo cual nos hace recordar las angustias del Hombre de las ratas de Freud)

Y uno se pregunta ¿Por qué se ve en la necesidad de arrojarse así en la miseria? ¿por qué queda paralizado pasando los días durmiendo?

Este joven de gran inteligencia no encuentra una posición fálica para salir de la miseria y continuar sus estudios, pasando de ser el brillo de la madre a ser una suerte de desecho arrojado en la ciudad.

Las dos posiciones se entrecruzan en el relato: El ideal universitario y la ebriedad de las cantinas. La lucidez y la fiebre.

Raskolnikov es capaz de hilar fino sus ideas, su orgullo parece encender las conversaciones que entabla; se erige, toma poder y denigra a los demás con acrobacias intelectuales que, al dejar de brillar, lo llevan al desvarío, la fiebre y el encierro en su habitación. Los escenarios se plantean como juegos de ajedrez, la anticipación al movimiento del Otro, el Otro del lenguaje y de la ley en esta guerra a muerte por el poder, sufre intempestivamente un revés ante la irrupción de una extraña fiebre que lleva el pensamiento hasta el delirio y la ausencia de referentes espacio/temporales.

Dostoievski plantea el ideal y su reverso, la denigración de lo humano, el deterioro y la muerte, frente a la grandeza de las ideas. El cuerpo hierve en sudor y mal olor mientras las reflexiones merodean las zonas de umbral entre el bien y el mal. Y, como más allá de ellos, Raskolnikov ve mermado su futuro intelectual ante la pobreza, ante la imagen del gran hombre que pudo ser y que ahora se tumba en un sillón durmiendo.

“…a menudo dormía en él, tal y como estaba, sin desnudarse y sin sábanas, envuelto en un viejo capote de estudiante y metiendo debajo de la única almohada raquítica toda la ropa interior –limpia o sucia- que poseía para darle más altura”.

A lo largo de la novela veremos que lo se pone en juego, y desata una obsesión en el personaje, es la construcción de un ideal sobre la humanidad, esto tiene que ver con la constatación de la existencia de grandes hombres a los cuales, por su genio, les sea permitido todo, sin tener que rendir cuentas a nadie. Estos excepcionales hombres pueden eliminar cualquier obstáculo que se les presente con tal de no parar su misión; así pues, lo para el hombre vulgar es un crimen, para estos hombres es una acción noble, ya que está hecha en función de un bien mayor. Podríamos decir, a la manera de Nietzsche, que van más allá del bien y del mal, rompiendo la “ley del padre” para instalar un nuevo orden.

Raskolnikov al asesinar a una vieja usurera, (que encontraba esa plusvalia, plus de goce, negando la pérdida y pretendiendo siempre la ganancia) quería demostrarse que era uno de esos hombres capaces de “matar” las reglas del padre y ser, él mismo, un superhombre. Al recordar su acto criminal, Raskolnikov dice:

“entonces necesitaba saber, y lo antes posible, si era yo un piojo como los demás o era una persona. Si sería capaz de trasponer el límite o no sería capaz. Si tendría la osadía de agacharme para recoger el poder o si no la tendría”.

Raskolnikov no mató por hambre, podríamos decir que mató para ir más allá de la ley del padre y demostrarse a sí mismo que era capaz de acceder al lugar de los hombres excepcionales, aquellos que no se ven afectados por ninguna castración simbólica. Es interesante resaltar en la novela las constantes alusiones a las figuras paternas, así pues podemos encontrar escenas en las cuales se clama por el padre, se piden favores a algún hombre poderoso, o se ruega piedad a Dios. Mientras que, por el otro lado de la trama, Raskolnikov parece matar al padre, burlarse de él y de sus reglas. Sin embargo el padre reaparece y el joven criminal va erigiendo un nuevo Dios, un Dios del sentido, del cual él tendría que ser hijo.

A esta posición de “hijo de dios” le acompañará la fascinación por una joven prostituta, noble, abnegada y finamente elevada -en la pluma de Dostoievski- a esta categoría sublime en la que se le puede poner a la mujer cuando deviene objeto inalcanzable, enigma, amada de Dios.

Al hilo de esto podemos pensar que si Dios está muerto (ante la destitución de la ley y las reglas sociales) entonces todo está permitido, y el criminal no buscaría su castigo. Pero, justamente, si Dios ha muerto, nada está permitido, pues el lugar de las prohibiciones y el malestar está en el inconsciente. Ahora, pues, Raskolnikov se enfrenta a su propio verdugo. Un nuevo mandato -feroz e inclemente- lo posee, el mandato de defender sus teorías, de ganar la batalla del pensamiento, de no dejar huella y estar a la altura del superhombre.

Raskolnikov es un malabarista que oscila en el filo de la palabra, entre sus aciertos significantes y lo innombrable.

Vemos la escritura desplazarse por magníficos argumentos, palabra tras palabra, idea tras idea, detalle tras detalle. La minuciosidad del relato puede por momentos adormilarnos y el pulso, antes palpitante, entra en letargos, entre la descripción de la ropa de un viejo transeúnte y la proliferación de decires de los personajes. Dostoievski nos devuelve al barrio de los hombres comunes, empiezan nuestros ojos a deslizarse por el texto con una cierta apatía, y cuando menos lo esperamos regresa la angustia, estalla el grito del hombre, su singular puesta en acto, su goce más obsceno.

Raskolnikov piensa hasta desmayar, busca tener todo calculado y medido. La violencia que late parece ser atrincherada por la armadura de la mente, pero cada vez que esta estalla en fiebre, surge ese vagabundo desorientado que intenta desesperadamente definir la línea entre el delirio y la realidad.

El mundo se divide en dos tipos de personas: los ordinarios y los extraordinarios. Raskolnikov sitúa del lado de los ordinarios a la vieja usurera, mientras va intentando demostrarse que él está del lado extraordinario, así, piensa controlar cada detalle del acto criminal para que éste no altere su vida y sea visto sólo como un obstáculo resuelto en el brillante camino de su genialidad.

Así, el joven asesina a dos mujeres (la vieja usurera y su hermana, que por casualidad llegó en el momento del crimen), el detonante parece ser una carta de su madre en la que le cuenta que su hermana se casará con un hombre rico y exitoso, con lo cual su futuro de estudiante quedará garantizado. Raskolnikov no puede tolerar que la hermana se sacrifique, casándose con un hombre a quien no ama, para darle estatus y devolverle el brillo al sueño profesional de su hermano amado. La furia se desata, la lucha por el poder es declarada. Ciegamente se obliga a detener a la hermana, pues no habrá un hombre con más fuerza fálica en la familia que él.

El crimen irrumpe en el pensamiento, pero ¿por qué se pasa del pensamiento al acto? ¿qué tipo de acto es este?

Cuando un sujeto cae del lado de lo innombrable se ve empujado a lo que en psicoanálisis se llama un “paso al acto”. Esto quiere decir que, ante aquello impensable, que agujerea el texto, la razón y la significación, el sujeto queda desnudo, caen los velos que protegen del impacto de lo real, y así, crudo, sin palabras que cobijen, sin metáforas que acudan al lugar del vacío, se efectúa un acto, en este caso, el acto asesino.

Este empuje irrefrenable de la pulsión es descrito minuciosamente por Dostoievski:

“No pensaba, ni podía pensar, absolutamente en nada, pero de repente sintió con todo su ser que no tenía ya libertad de juicio ni voluntad y que todo había quedado definitivamente resuelto de golpe”

Las redes simbólicas se rompen y el personaje queda sin metáfora paterna que lo sostenga, mientras va desvinculándose socialmente. Y la carta (letra) termina disolviendo las pocas identificaciones imaginarias, su narcisismo se ve amenazado por el matrimonio de la hermana. El superyo aparece inflingiendo toda la fuerza tanática de su mandato, ante eso, el yo queda mermado.

“El último día, llegado tan de improviso y que lo resolvió todo, le produjo un efecto casi mecánico, como si alguien le hubiera agarrado de la mano y tirase de él irremediable y ciegamente, con fuerza sobrenatural, sin admitir objeciones. Lo mismo que si se le hubiera metido un pico de la ropa en un engranaje y la máquina empezara ahora a tirar de él”

La máquina pulsional liberada de la escena fantasmática que sirve como marco para contener lo impensable lleva a Raskolnikov a un paso al acto.

Dostoievski nos muestra dos líneas que corren en paralelo: una línea que tiene que ver con la ley, el orden paterno, la razón y las figuras de autoridad y otra, encabezada por la fiebre, pero que puede extenderse hasta el cuerpo, la carne desvinculada de la organización del lenguaje, la sexualidad, y esa presencia constante que acompasa los derroteros masculinos de esta novela: la mujer. La mujer abnegada, sumisa al amo, así como la prostituta. Hay una oscilación que va desde la denigración, hasta la elevación sublime que hace de lo innombrable, una posibilidad de amor.

Estas dos rutas: masculina y femenina, los enredos con el falo y el regodeo gozoso en la ausencia y la nada, son tejidas entre letras y fiebre por un Dostoievski que nos deja mucho campo para el discurrir de nuevos textos.

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Comments

  1. Hugo Savino says:

    Ani, me gustó mucho de tu trabajo el hecho de que resaltes esa idea de un tiempo de relatos totalizantes. Si te sigo bien marcás ese hubo. Después destacás este estallido y la escritura que se afiebra. Y justamente me parece que tu lectura cae muy bien porque vivimos una época de regresión literaria, todos quieren relatos tranquilizadores, llenos de sentido, y es una época de regresión política, casi todo empuja al relato totalizante. Bajo los disfraces de lo post se esconde la pedagogía más ramplona. Todos hacen relato totalizante. Hay más novela familiar del neurótico que escritura afiebrada. Siguiendo el camino inverso a Freud, casi toda la novela que se escribe cree “llegar”. Ya casi no hay “puntuaciones que alboroten la razón”. Los escritores necesitan parlotear en la escena para contar sus libros. Néstor Sánchez decía que entrábamos en una época de libros que se “cuentan por teléfono”. Es notable que haya psicoanalistas que sigan leyendo a Freud.
    Hugo

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    • Muy interesante tu análisis Hugo, está vía hacía lo totalizante en la literatura, puede pensarse en la época del reinado de la imagen. Relatos sostenidos por el espejo imaginario, por los monumentos del “sentido”. Esos relatos tranquilizan, a la vez que exacerban un imaginario, un yo hegemónico, sin fisuras (narcisista?) cuya violencia retorna en esta guerra de pantallas que vivimos.
      Es felizmente notable, que haya escritores, que sostengan ese “malestar” inevitable y necesario en el camino de la subjetividad deseante. Gracias por la escritura y su pulso.

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  2. Annick says:

    Evidentemente, en mucha de la literatura rusa de la segunda mitad del s. XIX y primera mitad del s. XX se encuentra mucho material exquisito en el que se refinan las emociones, concluyendo en el gran cambio que significó Stanislavski y su revolucionario Método. Que haya obras tan maravillosas que permitan realizar un psicoanálisis de sus personajes tan claro y ameno como el que propones es un magnífico legado. Saludos.

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    • Muchas gracias por tu lectura y comentario Annick, concuerdo contigo, la literatura rusa sabe “tocar” algo y a la vez nos brinda herramientas preciosas para poder analizar-nos. Ellas nos ponen en cuestión, nos interrogan, nos poetizan. Un abrazo

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  3. Jc Bustamante says:

    Hola Ani, excelente exégesis, pero no es lo no totalizante un rasgo siempre femenino ? La diversidad, lo contingente y lo divergente no son siempre y exclusivamente “cosas de mujeres”? Puede lo masculino discurrir sin ton ni son, extraviarse sin tener un centro, un norte? existe la posibilidad en la imposibilidad? Existen todavía los temas generales y totales? Yo pienso q esto último sí, el cambio climático es un fenómeno que afecta a todos los habitantes de este planeta hoy, se crean quienes se crean. Por último, no es la mujer la única capaz de soportar el no sentido de forma real?

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  4. Hola Jc, el no-todo responde a la lógica femenina, efectivamente, pero eso, hay que tenerlo claro, no es exclusivo de las mujeres. El todo-fálico no se extravía, he ahí la mismidad de su lógica. Estas dos lógicas van juntas, una-teje-la-Otra. Aunque a veces pareciera que nos abismamos en lo femenino, o nos encadenamos en lo fálico.
    El cambio climático es un hecho de naturaleza (con intervención humana, lo sabemos), la manera como cada sujeto se posiciona frente a lo real de la naturaleza indica su lugar en la sexuación.
    Buen aporte el traernos a la luz las posiciones femenino/masculina para pensar la escritura.
    Muchas gracias por tu visita. Saludos

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    • Jc Bustamante says:

      Ok, pero si Raskolnikov busca algo, no es eso una ejemplificación de su autoafirmación, pero no autoafirmación particular, sino de hombre, o en todo caso, de lo general a lo particular, es decir desde el hombre hacia Raskolnikov.ÉL soporta toda esta sintomatología con el único fin de realizar su autoafirmación, objetivo que logra me parece hacia el final de la obra. Y si Raskolnikov lucha por su ideal y prefiere la muerte antes que alienarse, siendo este un rasgo masculino, al ser nuestra época una sociedad alienada, significa que es una sociedad femenina y en concomitancia con ello pobre sexualmente?? Y con respecto al CC, qué indica que haya gente que lo niegue o en todo caso que no quiera SABER de su origen o sus consecuencias?? Qué tipo de sexuación sería esa??

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      • Jc Bustamante says:

        Sociedad femenina, me refiero dominada por la afeminización. Y respecto de la pobreza sexual me refiero a que esa relación de dos, en donde uno ya no disfruta del otro, o dos de los dos, porque el hombre es un afeminado y la mujer está masculinizada sin satisfacción, de ahí que no convenga para nada una sociedad femenina o afeminada.

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      • Hola nuevamente Jc. No pretendo hacer un “analisis-todo” y menos de psicologizar a Rascolnikov, nada más lejos que una pretensión así de totalizante. Hay un recorte en mi trabajo, una puntuación que, si hace eco, ya habrá cumplido su función.
        Sobre la logica femenina y formulas de la sexuación lacanianas, ten cuidado de reducirlas al uso corriente de “afeminado”.. es un trabajo muy complejo que no puedo abarcar en estas líneas. El hecho de que el texto cause tantas interrogantes es la mejor apertura, y ejercicio recortamiento de los imaginarios totales y cerrados.

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  5. Jc Bustamante says:

    ok ani gracias, leeré a Lacan y sus fórmulas de sexuación y a ver qué dice acerca de la negación incondicionada de realidades que superan cualquier subjetividad.

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