Homenaje a M. Duras (Lacan 1965)

Por Ani Bustamante

Empecé a leer el Arrebato de Lol V. Stein hace unos 15 años, muy entusiasmada por el hallazgo de una escritura que subvertía el orden clásico. Sus fragmentos me causaban, al comienzo, una suerte de vértigo que empujaba a más, sin embargo la lectura se me fue haciendo cada vez más cuesta arriba, la angustia aumentaba junto con la desorientación y, hacia la mitad abandoné la novela. Efectivamente, quedé perdida y no pude sostener ese “no saber quien es quien” que arma nudos y texturas constantemente en el texto.

Luego de haber dejado inconclusa la lectura, pasó algún tiempo (no serán 10 años) hasta que llegó a mis manos “Escribir”, un texto pequeño de M. Duras, lo leí casi embriagada, raptada porque ponía en acto aquello que dice Lacan en su Homenaje: “Que la práctica de la letra converja con el uso del inconsciente”, la letra de Duras roza lo imposible, gira alrededor de él:

“un libro abierto también es la noche”

Llega ahora el momento de reanudar el Arrebato, mediada por Lacan.

Reanudo a partir de un primer hilo, éste tiene que ver con el lugar en el que nos colocamos frente a Lol, que es otra manera de decir el lugar en el que nos colocamos frente al Arrebato: ¿cómo bordeamos la ausencia? ¿cuál es la textura de nuestra trenza? ¿el cuerpo de nuestra escritura?

Tomemos a la angustia como este primer hilo, la angustia clave del sujeto temporal, que en el caso de la novela está en el lugar del propio narrador. Narrador que se develará ya avanzada la novela como el amante, el hombre a través del cual Lol puede acceder al cuerpo desnudo de una mujer.

Este hombre Jacques Hold, es el narrador situado en posición éxtima, íntimamente fuera del relato. Inicia la novela casi como un biógrafo para luego ir confundiéndose, entrando cada vez más en el texto-escena, a la vez que haciéndose evidente que no es más que un hombre de paja utilizado por Lol para acceder a una mujer.

Lo que angustia extremadamente a Jacques Hold es percibir la mancha gris que mira desde el campo de centeno su encuentro con Tatiana, lo que lo angustia es el enigma de la mirada de Lol y la pregunta por su deseo. Él se apresura, busca comprender… y ese es el error. Lol no quiere ser comprendida. Hold, dice Lacan, “aplica sobre su vacío el yo pienso” y “en lugar de ocuparse del objeto, se ocupa de Lol como tal e intenta comprenderla” (E.Laurent)

escribir_margueritedurasPor mi lado, y ya casi como parte de ese nudo durasiano,
freno mi necesidad de entender y sigo leyendo. Difícil, las letras, los constantes movimientos y reemplazo de lugares y  voces me llevan a un límite. Vuelvo al libro Escribir y me encuentro con que M. Duras dice: “En Lol V. Stein ya no pienso. Nadie puede conocer a L.V.S., ni usted ni yo. Y hasta lo que Lacan dijo al respecto, nunca lo comprendí por completo. Lacan me dejó estupefacta. Y su frase: ‘No debe de saber ue ha escrito lo que ha escrito. Porque se perdería. Y significaría la catástrofe’. Para mi esa frase se convirtió en una especie de identidad esencial, de un ‘derecho a decir’ absolutamente ignorado por las mujeres”

Sin embargo, hay una suerte de, Duras contra Duras a través de este narrador (Hold) que va a contramano de la escritora, y quien en su necesidad de pensar y comprender, lleva a Lol al desencadenamiento por la vía del “yo pienso”.

Duras escribe el Arrebato cuando pasaba por una grave crisis debido a la pérdida de un amor y a sus constantes problemas con el alcohol. Se mudó sola a una casa cerca al mar, allí en esa casa dice: “(En Trouville) fijé en locura el devenir de Lola Valérie Stein” allí en medio de la soledad y el borde del abismo: “Hallarse en un agujero, en el fondo de un agujero, en una soledad casi total y descubrir que solo la escritura te salvará. No tener ningún argumento para el libro, ninguna idea de libro. Una inmensidad vacía. Un libro posible. Delante de nada. Delante de algo así como una escritura viva y desnuda, como terrible, terrible de superar”

En este sentido parece ser que es la propia escritura del arrebato la que sirve de apoyo a M.Duras frente a la amenaza de disolución. La escritura desnuda de Duras lugar donde deposita la locura, mientras anuda su cuerpo a la letra. Sin argumento, sin linealidad. Gesto de la mano sobre la “escritura seca y desnuda”.

El arrebato es un texto dos veces clínico, su escritura hace nudo entre el sinthome de Duras y la desnudes de Lol.  (la desnudes de la escritura y la de Lol)

La novela gira al rededor de un baile, lo que en él sucede es que Lol pierde a su novio al caer éste presa de una mujer de elegancia inquietante, flaca, encorvada que “vestía su delgadez con un traje negro”. Ella, Anne-Marie Stretter era la no-mirada, y Michael Richardson fue raptado sin vuelta atrás. Ella, la mujer fatal, vestía el traje que iría a arrebatar a Lol, dejándola desnuda

Lol mira esta escena sin muestras de sufrimiento… Lo que le produjo el arrebato fue que la pareja se marchara quedando Lol por fuera sin poder mirar cómo es que un hombre desnuda a una mujer. Esta escena faltante la deja anonadada, suspensiva, desnuda. Fuera de la escena, fuera del tiempo, de la angustia y, del cuerpo. Fue reemplazada por la otra mujer, ella se llevó su cuerpo.

Un tiempo despues retoma la vida “normal” apoyada en la estructura burguesa, milimétricamente ordenada, que le ofreció su marido durante 10 años.

Luego de ese tiempo, vuelven a su ciudad natal y encuentra a la pareja de amantes compuesta por Hold y Tatiana Karl (viaja amiga de la infancia y quien sujetó su mano el día del baile cuando el novio se iba con otra) esto pondrá en marcha el nudo.

Podemos puntuar 3 momentos, o dos escenas separadas por un intervalo. La segunda escena  (en la que Lol encuentra a la pareja Hold-Tatiana)  no se debe plantear como la repetición del acontecimiento del baile, pues lo que se rehace es un nudo. Es importante, advierte Miller, hablar en términos de nudo que se rehace y no de repetición: “Es necesario darse cuenta de que, cuando se habla de repetición, cuando decimos que eso ocurrió una primera vez, se repite por segunda vez y lo que sigue, se trata de una cronología bien tranquila. Para poder afirmar eso hay que disponer de la flecha del tiempo, de un antes y de un después que se ubican tranquilamente en su lugar, y si miramos desde un punto más cerca, precisamente, no es para nada seguro que estemos en un tiempo donde el antes y el después tengan esta tranquilidad”

Voy a plantear dos ejes en relación a la temporalidad: uno diacrónico y otro sincrónico,

a) El diacrónico, tiene que ver con la duración: como aquello que se sostiene imaginariamente en una línea cronológica continua, predecible y sin fisuras.

b)  El sincrónico tiene que ver con el instante: como aquello que introduce lo discontinuo, la irrupción de algo que escapa de una lógica causal, aquello que no entra en las conexiones y el cálculo.

En la novela vemos cruzarse esas dos modalidades. El arrebato se localiza del lado del  instante fuera del tiempo, en un goce no calculable ni medible, sin ejes temporales ni espaciales, es un goce estático. Lacan lo nombrará como una detención, detención frente a la imagen congelada de Ella “desnuda bajo sus cabellos negros”. Se trata de la construcción de un fantasma con “valor de moción suspendida”, un fantasma cubierto por un vestido. Aquí se marca esta operación de reemplazo constante en la novela: “el sujeto y el cuerpo se reemplazan uno a otro o, si se quiere, un vestido reemplaza al cuerpo” (lapso p. 401)

Duras nos escribe ese instante de detención:

“Lol progresa día a día en la reconstrucción de este instante. Incluso llega a captar algo de su fulminante rapidez, a desplegar, a aprisionar los segundos en una inmovilidad de una fragilidad extrema, pero que para ella resulta de una gracia infinita”

Del lado diacrónico es el narrador el que despliega la linea del tiempo, Hold ocupa el lugar del sujeto, por lo tanto es el que sufre la angustia. Podemos decir entonces que, Hold está en la diacronía de las palabras, mientras Lol está del lado de la sincronía de la mirada.

Lacan opta por leer el texto como una topologia, en la que Lol no es UNA claramente diferente de los otros DOS (pareja de amantes), sino es, más bien, Una que queda suspendida en el “ser-de-a-tres”.

Podemos acceder al nudo que Lacan “destuerze”,  a partir de la primera escena de la novela en la que Lol es ocultada-desvestida por su amante en el baile al irse con otra mujer, mientras ella mira la escena en un rincón detrás de las plantas.

En la segunda escena, la del encuentro de Lol con la pareja de amantes, vuelve a entrar en función el nudo, pero ¿cómo es este nudo?

Lacan dice que “es lo que el nudo estrecha lo que arrebata”. Es decir, es un nudo que vuelve a cerrarse, “no es algo que se repite sino que se cierra, se hace algo. No se trata de repeticiones significantes, sino más exactamente se presenta un objeto, un goce que se localiza” (Laurent).

En la segunda escena Lol enmarcará, en la ventana del cuarto del hotel donde se encuentran Hold y Tatiana, al fantasma; ella mirará desde el campo de centeno aquella ventana. Lol se ubica en ese goce estático como una mancha gris, el objeto mirada se localiza ahi (como en la primera escena detrás de las plantas) Lol intentará llevar a cabo la escena inconclusa de la noche del baile, buscando tramar su cuerpo real a la imagen del cuerpo de otra mujer desvestida por un hombre, y así encontrar un cuerpo que le de cuerpo a ella.

Lol se realiza en este ser-de-a-tres en el que queda suspendida. “El ser-de-a-tres es la solución de Lol a la inexistencia de la mujer y a la sucesión de los días” (Catherine Lazarus-Matet)

Todos arrebatados

El Homenaje hecho por Lacan en 1965 a Marguerite Duras puede verse como una anticipación a los últimos trabajos de Lacan: Litturaterra (1971) y el seminario El Sinthome (1975-1976) por ejemplo, allí vemos que “La función del borde de la escritura puede contener la locura dándole un límite. En esta vía, Lacan va a desarrollar una nueva teoría del sinthoma  como nudo de lo real (el goce), lo simbólico (el lenguaje) y lo imaginario”

Ya en este Homenaje Lacan va articulando la idea de que algo se anuda en el trazo de la escritura, algo del orden de una cifra que, en el caso de Lol V. Stein “debe anudarse de otra manera, ya que para atraparla hay que contarse tres” (Lacan)

Desde este punto de vista la misma escritura sería el cuarto nudo que mantiene unida la estructura terciaria.

El arrebato atraviesa el texto mismo, a cada personaje, a la escritora y a nosotros.

Pienso que esto nos puede servir para poner a funcionar esta ultima enseñanza de Lacan y repensar el tema de la locura y el más allá del edipo.

Por un lado estamos de acuerdo con que Lol enloquece, la necesidad de comprender de Hold la empuja a ese desencadenamiento. Sobre la psicosis de Lol se ha escrito mucho, está demarcada por el hecho de que Lol no tiene cuerpo -ya que no hay un apoyo imaginario para que éste sea posible- además de eso, la ausencia de dimensión imaginaria la deja suspendida fuera del tiempo, sin una historia articulada diacrónicamente (los diez años de vida burguesa no son relatables)

Sin embargo el tejido de la novela como tal me invita a problematizar un poco más a propósito de la clínica contemporánea.

Traigo primero a la propia M. Duras, en un extracto de la entrevista realizada por Pierre Dumayet:

P.D.: ¿De qué trata la novela? No es la novela de la locura. ¿Es la novela de la incertidumbre?

M.D.: De la “despersona”, si me apura. De la personalidad. Quizás sea eso.

P.D.: ¿Le parece que es una enfermedad muy extendida o se trata de un caso particular?

M.D.: Eso no es una enfermedad. Es un estado que acarician muchas personas. Que aparece en raras ocasiones de una manera total. En el caso de Lol, se ha manifestado totalmente.

Lacan hace un viraje respecto a Freud cuyo punto de partida era la neurosis, introduciendo la psicosis como paradigma, con lo cual ya no podemos desentendernos y creer que la locura es un accidente en la estructura subjetiva básicamente neurótica, no,  desde el punto de vista lacaniano la locura tiene elementos estructurales de la subjetividad. Lacan hace de la psicosis el paradigma de la estructura, y en la medida que avanza en su enseñanza va pasando de un modelo discontinuo (en el cual las estructuras están demarcadas con mayor claridad) a uno continuo en el que se borran los límites claros de las estructuras clínicas y en el que el ordenamiento será dado por las formas de anudamiento, que tomarán énfasis frente a la declinación del NDP. 

Deleuze diría sobre esto que es un paso de la estructura a la textura.

Efectivamente, puede ser muy revelador pensar el arrebato a partir del sexto paradigma del goce de Miller: , aquel que se aleja de la idea de estructura para poner el acento en la “no relación sexual” y , más aún, en el “hay goce”. Goce que está en disyunción con el Otro.

En el arrebato nos topamos siempre con un imposible, con ese “no hay relación sexual” tan poéticamente mostrado por Marguerite Duras:

“Me gusta creer, como creo, que si Lol es silenciosa en la vida es porque ha creído, durante la brevedad de un relámpago, que esa palabra podía existir. Carente de su existencia, calla. Sería una palabra-ausencia, una palabra-agujero, con un agujero cavado en su centro, ese agujero donde se enterrarían todas las demás palabras. No se habría podido pronunciar, pero se habría podido hacerla resonar… esta palabra, que no existe, está ahí sin embargo: os espera a la vuelta del lenguaje, os desafía, indómita, a levantarla, a hacerla surgir fuera de su reino horadado por todas partes a través del cual fluye el mar, la arena, la eternidad del baile de Lol V. Stein.” (Escribir)

No hay palabra, hay goce.

Lol nos dice algo acerca de la condición femenina, en tanto bordea lo indecible. Lol es aquella que no está ahí donde está su cuerpo, que, a la manera histérica, hace de un hombre su testaferro para llegar a una mujer. Lol nos da coordenadas para pensar ese Otro goce por fuera del fálico, sus estragos y nuevos anudamientos en tanto ella representa la parte no subjetivable del goce.

Podríamos hacer una secuencia: Histeria-Arrebato-Histeria rígida, hacer una suerte de topolgía de estas figuras de lo femenino, una banda de moebius que nos lleve de “una a otra” de manera continua, por los bordes de un cuerpo que no acaba de sostenerse en el espejo y que delata de manera dramática “la fractura de sentido que la existencia constituye” (Jean-Luc Nancy).

Si a esto le añadimos la actual feminización del mundo y las teorizaciones contemporaneas sobre la histeria rígida como aquella que no está sostenida por el amor al padre y que prescinde de su partenaire, nos encontramos con un texto necesario para pensar lo femenino en estas épocas de arrebato.

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