Celebrando el nacimiento de Chabuca Granda *

Por Ani Bustamante

25391_chabuca_g

El 3 de septiembre es una fecha que se mantiene tatuada en la vorágine del tiempo, pues es la fecha del nacimiento de Chabuca Granda. Podemos contar los años, el paso del tiempo que fluye incesante como ese “Rio de vino” al que le cantaba. Podemos poner una medida al recuerdo, fijar una fecha para celebrar.

94 años.

Es hermosa la doble acepción de la palabra “contar”, podemos contar uno a uno al compás del minutero o podemos contar una historia. En la canción se entreteje estos dos formas de “contar”, se cuenta el tiempo con el ritmo, se cuentan historias con la letra. Es aquí donde el júbilo se apodera de mis dedos escribientes, cuando ante el inevitable compás del tiempo, asisto maravillada a la trama que compone la canción:

Tiempo-Ritmo-Letra

Entonces, el tiempo ya no trae angustia sino festejo, zamacueca, landó. Chabuca compone, compone el tiempo con su cadencia. Compone nuestra tristeza con su voz.

La mejor forma de recordar a Chabuca es celebrando, dando tiempo a su música para que componga nuestra alma. Y a ver si así despertamos del sueño adormecido, para caminar hacia el nacimiento, para alojar los días nuevos, aquello que ella intuyó y cantó. Estoy convencida de que Chabuca Granda se dirigía, con sus puentes, caminos, ríos y veredas, a la invención de algo nuevo. Celebrar el cumpleaños de Chabuca Granda es seguir descubriendo su legado y explorar lo inadvertido de su obra.

Señora Granda, usaré una hermosa frase de Borges: «Gracias por la música, misteriosa forma del tiempo» gracias por recomponer el tiempo, con su ritmo.

* articulo escrito para Lima en escena

Música no lineal (2): Ramon Humet

En una mañana de domingo, sin la esclavitud del reloj, una otra manera de habitar el tiempo, un nomadismo que me lleva al placer del texto, y a recorrer la red, sin intención de encontrar nada específico. Aparece, entonces, este interesante texto, que resuena intempestivamente con mis reflexiones sobre la música en Deleuze.

Avatar de 19preguntes19 preguntes

(Artículo publicado en el suplemento Cultura’s de La Vanguardia, nº 430, 15 de septiembre de 2010. Edición impresa)

«Aquella señora tiene un piano / que es agradable, pero no es el correr de los ríos / ni el murmullo que los árboles hacen…». Estos versos de Fernando Pessoa dan fe de una sensibilidad parecida a la que viene gobernando la música occidental desde mediados del siglo pasado: la tendencia hacia el ruido. No entenderemos aquí por ruido el sonido feo, sino aquel que, como el murmullo de los ríos y los árboles, escapa a nuestro control. Esa tendencia de la música hacia el ruido se ha dado por dos vías opuestas. La primera es el uso de sonidos grabados directamente del entorno o producidos con objetos que no son, en principio, instrumentos musicales. Precisamente por no haber sido concebidos como instrumentos, los sonidos que emiten esos objetos son difíciles…

Ver la entrada original 869 palabras más

Los sonidos de Chabuca*

Por Wili Jimenez

chabuca

“Los sonidos de Eros, un recorrido por la obra de Chabuca Granda” es un ensayo en el que la psicoanalista y escritora Ani Bustamante se ha adentrado en la dimensión humana de Chabuca Granda.

Entrevistada por LaMula.pe Bustamante explica que la obra de Granda aborda “lo femenino y su relación con lo masculino, ese es el latido de fondo. La pregunta por el cuerpo y sus resonancias a través de la música y la letra. Esto aparece a partir de algunos ejes más obvios como la añoranza, el recuerdo, el sonido, lo femenino y el mestizaje”. En su obra, lo dice Bustamante, lo andino, lo negro, lo europeo están presentes, prima su apertura a lo del otro. ¿Qué cantaría hoy Chabuca?, le pregunto.

“Esa pregunta hay que responderla desde el ‘mito’ Chabuca que cada uno va construyendo a partir de profundizar en su obra. Yo creo que Chabuca cantaría, por ejemplo, al amor en todas sus formas -aunque eso ya lo hizo-, y nos haría recorrer caminos para pensar la libertad de la mujer para decidir sobre su cuerpo, las uniones del mismo sexo, la globalización y el consumo. En fin, habría que reformular tu pregunta y decir: ¿qué canta Chabuca en nosotros, después de escucharla con detenimiento?”.

CANTE USTED, DOCTORA

Bustamante se dedica a la investigación de las relaciones entre arte, filosofía y psicoanálisis. Que forman una fina trama es algo que “sabemos desde Freud, quién nos muestra cómo el arte está siempre un paso adelante. Por eso la relevancia de la tragedia griega, de Dostoievski, Shakespeare. La filosofía como posición crítica y elaboración conceptual; como esa mayéutica socrática que inspira al psicoanalista; siempre en relación compleja y problemática. Todo aquel interesado por el psicoanálisis, participa de alguna manera con este tejido entre arte y filosofía”.

[Read more…]

Próximo lanzamiento de «Sin Querer» un cortometraje de Graciela De Luca

2424193

Trazo Freudiano tendrá el honor de presentar próximamente el corto «Sin Querer» de la directora argentina Graciela De Luca.

Con esto afianzamos este espacio como lugar de encuentro. El cine en este caso será el disparador de reflexiones en torno a lo femenino, el maltrato y el destino, a través de la trama y propuesta visual de Sin Querer.

 

 

Sin  Querer  narra un pasaje en la vida de Soledad Maidana, quien movida por la necesidad de olvidar, toma una decisión que cambia el rumbo de su destino… sin imaginar que es el azar, a veces, el que decide todo…

Entrevista sobre el libro «Los sonidos de Eros»

El umbral

Por Mónica Arzani

2704732

…era, el nuestro un simple y silencioso matrimonio de hermanos.

Julio Cortázar

Estoy frente al umbral de la casa. Con una mirada en los ojos, espero. Traigo la sed de la viajera, pero será inútil golpear a la puerta. Probablemente esté esperándome Irene, ovillando la lana, como siempre. Él no sé si estará. Necesito salvarme de esta quemazón que no cesa y sé que puedo hacerlo atravesando el umbral para usar el llamador. Pero no. Voy a fingir. Simular que no tengo nudos en la sangre, que este cuerpo mío no se pone insoportable como viento en el desierto. Sé que Irene me abriría la puerta, se sentaría comodamente en el sillón, me pediría que le sostuviera la madeja para convertirla en un ovillo y después de decirme lo encantada que está de verme, me hablaría de su hermano. También podría entrar forzando el portón de atrás y hacer de esta casa mi morada, convertirme en la intrusa, acostarme en la cama y pasar a ser sólo una plegaria, para que él no me vuelva la cara y no busque una posición cómoda para dormirse sin hablarme.

¡Por fin! Ahora sabemos donde se encuentra el amor romántico.

Por Andrea Amendola

2706350Actualmente circula en diversas revistas de interés general los estudios que Helen Fisher viene realizando sobre el amor romántico.Helen Fisher, antropóloga y directora del departamento de Investigación de la Universidad de Rutgers, en New Jersey (Estados Unidos), ha dedicado su vida a analizar la neurobiología del amor. Según su teoría, existen tres sistemas cerebrales relacionados con el amor que interactúan entre sí: el impulso sexual, el amor romántico y el cariño o apego tras una larga relación.

A partir de esta premisa, en 1998 inició una investigación con un grupo de 32 personas que declaraban estar enamoradas a las que se les hizo una resonancia magnética para ver qué conexiones se producían en el cerebro; 17 de ellas decían ser correspondidas y 15 habían sido rechazadas. Entre las que estaban enamoradas hallaron actividad en la zona tegmental ventral del cerebro, que produce dopamina, y en el núcleo caudado. Ambas zonas forman parte del sistema básico de recompensa, que se asocia con la motivación por conseguir unos objetivos. «El área de la zona tegmental ventral en la que encontramos actividad es la misma que se activa cuando la persona experimenta el llamado subidón de la cocaína», ha explicado.

Esto indica que «el amor romántico no es una emoción, sino que es un impulso, una necesidad fisiológica del ser humano».

Dopamina y rechazo

Entre las quince personas que habían sido rechazadas encontraron actividad cerebral en el área del mismo sistema de recompensa: en parte del núcleo accumbens, que se relaciona con las conductas adictivas (como las apuestas), en la corteza insular, que se asocia con el dolor físico, y en la corteza órbito-frontal lateral, relacionada con los pensamientos obsesivos. Esto explicaría por qué algunas personas siguen enamoradas a pesar de haber sido rechazadas ya que estas áreas siguen perteneciendo al sistema de recompensa, en el que actúa la dopamina. «A pesar de no recibir lo que uno quiere la dopamina sigue trabajando».

Según Fisher, algunos de los mecanismos que se activan en el enamoramiento son iguales en hombres y mujeres, como el núcleo caudado y el área tegmental ventral. Sin embargo, existen diferencias.

«En hombres hemos encontrado más actividad en parte del lóbulo superior, que se asocia con la integración de los estímulos visuales, mientras que en las mujeres, las áreas que entran en juego se relacionan con la memoria y los recuerdos». Además, ha añadido que las actividades cerebrales que se producen cuando se está enamorado sólo suceden una vez en la relación de pareja, pues «a lo largo del tiempo el amor se va convirtiendo en cariño y apego».

Por otra parte, Helen Fisher ha explicado por qué se dice que el amor es ciego. «Cuando estamos enamorados un área del cerebro se desactiva». Es una parte de la amígdala cerebral, que se relaciona con el miedo. Por eso «no vemos los aspectos que no nos gustan y aceptamos el resto».

[Read more…]

Iglesia y per-versión

una reflexión sobre los poderes de la iglesia, su per-versión, y el revés del sacrificio

Henri Meschonnic, viajero de la voz

Por Hugo Savino

Lo oscuro trabaja[1]

456                                                                                    Para Rodrigo Grimaldi

“Dale la voz a la mirada”.

Jack Kerouac

 (Viejo Ángel de Medianoche)

“Comparativamente la importancia de la crítica ocultó los poemas, sobre todo en la medida de la resistencia que este pensamiento provocó. Verificación empírica de que el pensamiento hace mal, y en primer lugar, socialmente, al que trata de pensar. Pero el poema, tal como lo entiendo, transformación de una forma de vida por una forma de lenguaje y de una forma de lenguaje por una forma de vida, comparte con la reflexión el mismo desconocido, el mismo riesgo y el mismo placer, el mismo pito catalán a los lugares comunes de lo contemporáneo. Puesto que no se escribe ni para gustar ni para no gustar, sino para vivir y transformar la vida.” (Henri Meschonnic, Discurso de recepción del premio de literatura francófona Jean Arp, 4 de marzo del 2006. Estrasburgo.)

Lo oscuro trabaja llega con sus fechas al pie del poema. A veces fecha y lugar. Las fechas no son la cronología. Lo circunstanciado no es una simple información de lugar. Fecha y lugar son un viaje. De la voz y del cuerpo, juntos. Lo oscuro trabaja empezó su viaje. Ya está en el poema Meschonnic. Si no reducimos y dividimos  su obra en géneros: poesía, ensayos, traducción. Meschonnic no escribe poemas circunstanciados.  Responde “siempre / a lo que veo/ incluso si no entiendo/ ante un muro”  – 1 de marzo del 2008. Toco este muro, este libro. Lo leo. Intento una respuesta. La vía claudeliana. Lo oscuro trabaja: viaje y visión, envío. Lo ínfimo hilado en la frase, de frase en frase: “más ínfima es la diferencia, más grande es su fuerza”. Meschonnic tiene “la mano llena / de lo que no conozco” – 1 de marzo del 2008, escribe hacia ese lugar desconocido, y hacia ese desconocido que lo espera del otro lado de la mesa. Que tiene también las manos llena de lo que no conoce.

Nota: Murena era experto en capúa, en mafias, la palabra la sacó de Paul Claudel. Meschonnic es otro experto en intentos de borraduras o borramientos. Las leyó en sus poemas, en la traducción de la Biblia. Las expuso. El ser se puso nervioso. El partido del ser quiere liquidar a Murena. Le busca el pelo en la leche a Paul Claudel. No le gusta la caca de paloma que aparece a la mañana tempranísimo en el verbo ser, adora la higiene, pero lo inauténtico se le sube a la silla, quiere ponerle una barrera a la traducciónMeschonnic: “No me gusta el verbo ser. Por varias razones, de las cuales algunas son serias y otras, lúdicas. La más seria es ésta: ser me parece terriblemente aferrado a su mayúscula inicial, el Ser. Y ahí, pienso en Heidegger y saco mi revólver – metafísico, ni hay ni que decirlo. Ahí me digo que rozamos al mayor enemigo de la vida, que es el esencialismo, o el realismo lógico, la esencialización de las abstracciones.” (Henri Meschonnic, Seo in Deo esse, trad. Rodrigo Grimaldi).   La máquina de narrar, abstracción en la pompa de jabón, vasta operación de mercado que se hace pasar por crítica, se pretende la única narración, y sólo narra la discontinuidad. ¡Insistan! Si quieren (se entiende, el sueldo está en juego): pero los escritores no narran, escriben, se lo recordamos, a ese maniquí maquillado de honestidad, cuídense de la honestidad conspiradora decía Jack Kerouac, que ocupa todo el terreno.  Es casi obvio decir que el poema Meschonnic se incorpora a la lista de lo que hay que liquidar. Para mantener el orden.

Henri Meschonnic viaja hacia las palabras en la frase. Ver vidas, “cierro los ojos / veo vidas” – el 24 de julio del 2008, en el tren hacia Montpellier, por Lodève.

Escribe en la rueda del tiempo, envuelve el vacío con sus frases, le ve la cara al tiempo: “el tiempo es un rostro / más un rostro/ sin fin / en no reconocer a nadie/ salvo los rostros / de aquellos/ que transforman el tiempo/ y es a ellos a/ quienes espero” – 14-19 de abril del 2008. Este viaje por el poema contra las retóricas en uso, hacia el rostro que me transforme, hacia el poema, y también contra las falsificaciones, sobre todo contra la falsificación de la historia. El viaje hacia para saber que “no me sabía / tan diferente de mí mismo”  – 7-8 de mayo del 2008. Ir: no,  ser:  “no sé pero sé / adónde voy lo que hago / es todo lo que no sé / lo que escucho / en mi voz en tu voz / desde que nos oigo / en mi voz en tu voz “ – 16 de noviembre del 2008, en el avión hacia Montreal, y el 29 de noviembre. Henri Meschonnic es un cazador de visiones, de bellezas bíblicas, de “pájaros que ve” y lo “atraviesan”  – 9 de mayo del 2008,  escribe con los “ojos cerrados” – 9 de mayo del 2008 las visiones del oído.

[Read more…]

Vínculo y cuidados: ¿solo con otros?

Por José Enrique Ema

 756093

Las relaciones sociales son la trama en la que nos constituimos los sujetos. Pero en este proceso es imposible que se pueda establecer una relación estable, definitiva y completa entre el sujeto y el mundo social. A la vez que dependemos de los otros, el sujeto emerge si hay separación, corte o discontinuidad en relación a lo social. Las palabras, los afectos, las interpelaciones que vienen de los otros son el material con el que se teje un sujeto, pero son insuficientes para procurar a este una existencia “completa”. No solo es que ocurra así (lo social-relacional falla) sino que es necesario que así sea (con ese fallo “acierta”). Por eso la interdependencia y el cuidado no logran completar una vida.

Pero si no hay completud en y desde lo social no es porque haya una sustancia íntima e individual que se resista a ello, sino porque, como no la hay, somos ya, desde el principio, imposibilidad de completamiento. Gracias a esto puede haber sujeto, decisiones que tomar y capacidad de actuar; justo porque no hay causa, ni social, ni individual, suficiente para determinar nuestras acciones. Podríamos decir, que en el sujeto habita una imposibilidad singular que no puede explicarse totalmente por sus relaciones, incluso por ese tipo de relación social que es uno mismo. Esto es la condición de la ambivalencia en la interdependencia y en el cuidado. Necesitamos el reconocimiento, pero también la separación y la autonomización, del otro. No todo puede o debe pasar por el otro. Seríamos un mero objeto para los otros, o lo serían los otros para uno mismo, alienado completamente al otro sin ningún límite, como cuidador o como (quien es) cuidado.

Podríamos decir entonces que no todo es cuidable y que, por ello, cuidar supone también descuidar un poco. Tenemos noticia de esto cuando nos confrontamos con ese punto de soledad inerradicable que nos impide reconocernos completamente en, o por, el otro que nos cuida o al que cuidamos. No todo en nuestra tristeza, envejecimiento, desamor… es cuidable, ni por el otro, ni ciertamente por uno mismo. No todo de nuestra finitud es restituible, ni por los otros, ni por el consumo, las pastillas o los “me gusta” en facebook. El cuidado tiene su límite y su condición en la construcción de una distancia con los otros y con uno mismo (con la soledad intransferible que vacía nuestra intimidad más íntima). Esta distancia nos separa pero es también el terreno del vínculo social en el que aprendemos a hacer con los otros y con uno mismo sin la aspiración a resolverlo todo, a cancelar las diferencias, o a encontrar un acomodo definitivo en algún tipo de armonía o equilibrio feliz.

Se trata, en definitiva, de inventar una manera de hacer con esto, extraño pero íntimo, que no se deja gobernar por relación alguna y que a la vez es constitutivo de lo que somos. Y ello no puede ocurrir sin otros. No solo sin aquellos con los que ponemos, y hacemos, en común (con) nuestra soledad, sino tampoco sin uno mismo como otro para sí.