Encuentro con Lucho González

Lucho González lleva en sus cuerdas los sonidos y el alma de muchas historias latinoamericanas, escucharlo nos devuelve algo que parecía perdido, nos deletrea los ecos que constituyen nuestra identidad. Su recorrido al lado de la señora Chabuca Granda, su participación en la cadencia y armonía de nuestra música es un regalo que no podemos pasar desapercibido. La entrevista que aquí publicamos es parte de ese regalo y de la generosidad de un músico que no cesa de crear y transmitir su sentir.

Figuras del Intervalo

nudos

Por Ani Bustamante
Figuras del intervalo,
línea, dedo, lazo,
cuerda con la que ato carne y agujero.
Allí acéfala, de-letreando con las manos el lugar del padre
y sus nombres imposibles.
Una letra,  el sonido del espanto sujetando el ovillo
A
aparta de mi esta lengua y sus mucosas
sujeta el mundo en tu nudillo.
Paso el dedo, hago nudo,
tensión en las muñecas.
Levanta el codo, baja la mano, cede tu tiempo en el tejido.
Fricción de cuerdas, amado aparato fonador
intrascendente
imagina, imagina que ruedas
arriba el índice del deseo, bajo la curva de la noche
a-cuerda-te
a-nuda-te
indicios de una extensión suspendida
en las manos nudas, cuerdas
los dedos frotan siglos de silencio.
Te construyes por efecto de nudos.
Huele a piel y fibra
mientras danzan las manos,
la extensión última del movimiento corporal,
el borde de los dedos,
tacto infinitesimal.
Explosión de nombres.
Babel dactilar multiplicando sentidos.
Amarra, sujeta con el pulgar la obra descubierta
tensa la cuerda, advierte el tendón.
Entre las cuerdas se abre la escena
agujero entre los dedos
Y vuelven las palmas a tocarse, como clamando al cielo por un velo
Un gesto
Frases que los hilos hacen decir a las manos.
Con intrincadas simetrías de nadie
bordas el espacio
punto
borde
       entre tú y yo
Se tensan los cordeles,
la metáfora es un espasmo
una contracción de la lengua
contra-dicción del padre y sus nombres imposibles
habla, ata, arrebata el nudo de mi dedo
hazlo tuyo, hazlo otro.
Anular
el uno
por Medio del dos
y del tres.
Somos muchas figuras de cordeles
y a la vez,
la medula más íntima
el abdomen de tu nombre de seda
y un texto como hilo surgiendo de las glándulas
del deseo
Compás del intervalo
re-cuerda
el espacio entre yo y yo
vértigo sin nombre
A
angustia
y una delgada línea haciendo equilibrio
en el agujero que nuestras manos moldea
Y vuelven los dedos a pensarse, como quien toca el borde de un abismo
entre tu y yo
se tensan los cordeles,
no hay tejido sin el nudo de tu nombre haciendo puntada.
Amarra, agarra,
sujeta la danza de mis cuerdas,
repara en el bucle donde el hilo al volver sobre sí mismo crea un punto de anclaje,
un lugar fijo, una agarradera.
Sólo el bucle permite tejer, sólo el nudo permite que haya texto.
Te construyes por efecto de nudos
¡Protégenos Madre Araña!
del enredo de la cuerda, del nudo en la garganta,
pon tu baba bendita en mis dedos
humedece esta lengua agujereada
Araña, el tormento de la locura,
los pliegues del laberinto.
No creas que por hablar ya es tuyo el mundo;
TU-YO
tu yo araña
¡Cuida pues de los agujeros de la lengua!
¡Y de las manos que a – nudan la cuerda!
trepa por la línea y su destino circular
avanza de revés en revés intentando el agujero
Objetos del alma
fibras del tiempo que raspa cotidiano
hasta la herida como variación de un intervalo
donde soy siempre otra bajo el tacto de la mirada
reanuda
avanza pliegue abajo, hacía mis poros
hasta tensar tu nombre con mis dedos,
soy solo un nudo que busca la yema de la noche
la sombra del silencio que cubra los nombres imposibles,
la letra que hilvane los restos de la piel abandonada.
El poema se inventa con las manos
para amarrar lo imposible a la mirada
y cubrir las figuras con un velo de eternidad
entre los dedos.
(Poema escrito para la muestra Nudos, de la artista plástica Eva Lootz)

EMANCIPACIÓN Y REDENCIÓN. Más allá del Estado

Por Martin Uranga

2671261Introducción

Prosiguiendo con la perspectiva del más allá del Padre reseñada en “Lenguaje-Psicoanálisis-Ateísmo-Mesianismo”, quería ubicar su horizonte en torno a los tres elementos delineados por Rosenzweig en “La estrella de la redención”: Dios, el hombre y el mundo. La virtud del “nuevo pensamiento” radica en la ruptura con los sistemas totalizadores estrechamente ligados a la historia de la  filosofía “de Jonia a Jena”. Así, Rosenzweig, animado por la ética judía que lo habita, emprende la tarea de cuestionar los afanes idealistas de unicidad, para promover la inscripción del desgarro estructural de la existencia, a través de una tripartición ineliminable que permite, desde las relaciones que instituyen entre sí los diferentes elementos, atravesar los fantasmas míticos, antiguos y modernos, que obturan el despliegue y la inscripción de la diferencia.

Entre Dios y el hombre tiene lugar la Revelación, entre el hombre y el mundo, la Redención, mientras que el vínculo entre Dios y el mundo está mediado por la Creación. La Revelación implica la consideración del lenguaje como agente traumático de la existencia. El orden simbólico produce el exilio de la naturaleza, a la vez que conmina éticamente al sujeto a sostener la diferencia irreductible que la alteridad discursiva revela a través de un prójimo del cual no es posible desentenderse. La Redención supone la puesta en acto de una dinámica existencial realizada en el mundo que promueve la reparación a través de la travesía ética de los goces innominados que resisten la diferencia. Se desarrolla entre los hombres en el mundo. Así, la Creación, es el acto en el que Dios instituye el mundo en tanto escenario de despliegue de la historia humana.

 La relación de Dios con el hombre, mediada por la Revelación, supone la entificación de un lugar Otro irreductible que causa, a través de la ética que le es inherente, la propiciación del lazo social. La misma naturaleza de este vínculo, caracterizada por el hecho de que Dios es la afirmación de una ausencia trascendente que supone su propio más allá, hace que la relación entre los hombres en el escenario del mundo, Redención, se encuentre afectada por el proceso de secularización que le es característico. El desarraigo de la comunidad con un Dios que padece del pathos de una diferencia irreductible que resiste la simbiosis totalizante, conduce a los hombres a  emprender la Redención a la cual están convocados éticamente, a través de una dinámica secular que encuentra en la política la herramienta cultural que posibilita la emancipación de la naturaleza siendo el Estado su precipitado histórico. Mientras tanto, la Creación, espera su renovación a través de la acción redentora del hombre en el mundo, buscando atravesar la consideración plástica propia del paganismo que sacraliza a la naturaleza abortando su dinámica constitutiva.

 El proceso de secularización alcanza su punto álgido en la Modernidad. De esta manera, con la inauguración de la ciencia moderna, se torna posible el abordaje de una nueva dimensión de lo humano: el sujeto del inconciente. En tanto y en cuanto Dios no es sino en falta, presencia de ausencia, señal de su propio más allá,  no instituye una alteridad unívoca sin resto. Así como en su apertura al hombre signada por la Revelación cobra primacía la conformación social, al mismo tiempo, el lazo comunitario que inaugura a través del ligamen libidinal amoroso, implica una fragmentación residual atestiguada por el trauma sexual develado a través del proceso de secularización señalado. Dios, en tanto nominación cultural  que da cuenta de la heteronomía radical del orden simbólico, se constituye como alteridad irreductible de la comunidad organizada en torno a su Nombre. Por otro lado, para el hombre moderno, singularizado respecto a su dimensión comunitaria, propia del registro de la religiosidad, es posible ubicar su alteridad en la dimensión del inconciente. Si el hombre en tanto parte constitutiva de la colectividad entra en relación con Dios a través de la religión siendo el amor el lazo constitutivo, en su dimensión singular y fragmentaria, delineada por el trauma sexual, encuentra su morada en la alteridad inconciente articulada por el deseo.

Ahora bien: Dios, nominación de la estructura del lenguaje, convoca a su propio más allá como consecuencia de la falta que le es inherente. Invita al atravesamiento de los fantasmas que le son constitutivos en tanto velos de su propia castración. Si en el vínculo religioso el más allá está caracterizado por el mesianismo judeo-cristiano (ver mi “Lenguaje-Psicoanálisis-Ateísmo-Mesianismo”) y en la relación con el inconciente toma la forma del más allá del Padre, entiendo que en la vinculación con el Estado, en tanto alteridad histórica cuya ley positiva evoca de manera desfigurada la legalidad simbólica, la trascendencia en cuestión está delineada por la tensión hacia la emancipación de la política. A este último aspecto me dedicaré en lo sucesivo, a través del estudio crítico de las corrientes emancipatorias que han surgido como emergentes necesarios del alto gradiente de  secularización que tuvo lugar en la Modernidad. Su principal exponente: Karl Marx.

Casa de tormentas

Por Mónica Arzani

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 Cuando compré la casa estaba deshabitada. La había visitado dos veces, una de ellas fui con mi familia, mi esposa y el niño, para ser más preciso, bueno sin contar a tía Elena, una viejita pequeña, con huecos en su memoria y que solo pasaría una temporada con nosotros.

Era la casa pensada desde siempre, ni quejosa ni temible, todo lo contrario desde el momento en que la vi, la supe como un abrazo blando. El día que nos mudamos aprecié su empeño por mostrarse sola, desvelada, en medio de un cosmos inasible.

La música de los jardines abandonados se nos fue acercando como un reclamo, de pronto el cielo cobró una voluptuosidad de espuma y llovió. Llovió como una noche, como una respiración, como una fiebre. Llovió.

Llovió ese día y el otro y el otro. El pueblo estaba alejado y no había casas vecinas por tanto tardamos un tiempo en considerar que solo llovía en nuestro predio.

Mary y yo no estábamos dispuestos a renunciar a la casa aunque sabíamos que no se trataba de un simple fenómeno meteorológico; a la luz de los hechos esto era una condena que en nada se parecía a la realidad.

Una noche el cielo se cubrió de desmesuradas nubes clandestinas. Nosotros desoíamos los truenos con altivez, pensábamos resistir mientras acariciábamos la vida que dormía en su cuna. Los dos compartíamos la sabiduría del silencio. Claro está que no fue por mucho tiempo, esta vez llovía en la sala. Escampó en unas horas, dejando charcos sobreabundantes y la muda presión de las gotas de agua que se deslizaban por las paredes y los muebles,  una niebla agrisada y feliz nos fue expropiando todos los espacios de la casa, no hubo rincón que  quedase seco.

¿Y si hiciéramos ver los techos, total que llueva afuera que nos importa?, dijo Mary.

El insomnio y la propia desazón habían infectado su razonamiento. Yo por mi parte le escribí a tía Elena, que llegó dos días más tarde a fin de contarle lo sucedido. Las dos mujeres pensaban que se trataba de algún desperfecto, aún no descubierto. Ante la insistencia de ambas, decidí contratar personal para que examinara hasta la última teja del techo. No encontraron avería alguna. Ya nada quedaba por hacer. La casa parecía reclamar el goce de su soledad y su abandono. Salimos cuando atardecía, sin tía Elena. Ella argumentó, con su voz de campana silenciosa, que había tantas lagunas en su cabeza que podría sortear sin dificultad el agua encharcada en el piso de la casa. El desangre del poniente nos dio miedo. Un simulacro de canto de pájaro nos acompañó hasta salir a la ruta.

POLÍTICA Y EMANCIPACIÓN. Acerca del artículo “Política, saber y pensamiento”, de José Ema.

Por Martín Uranga

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                               “Yo he preferido hablar de cosas imposibles, porque de lo posible se sabe demasiado”. Resumen de noticias, Silvio Rodríguez.

El artículo de José Ema nos trae a la reflexión las relaciones posibles entre el saber y la “política emancipadora”.  Se advierte el trazo freudiano del autor, me animaría a decir de clara impronta lacaniana, en su cuestionamiento del saber en tanto  movilizador de la acción. Ema nos invita a pensar el “gesto de subjetivación” necesario que implica como correlato  la “desubjetivación” en tanto importa “no desatender lo imposible para no incurrir en ningún idealismo totalizante.” De esta manera,  propone “inventar alguna manera de hacer con lo imposible” que advenga como una consecuencia de la falla del saber. Pienso que resulta de particular interés la posibilidad de resituar el lugar del saber en el contexto de la praxis social. La inscripción de lo imposible así como la subversión de las lógicas totalizantes no puede sino redundar beneficiosamente al momento de pensar en términos emancipatorios.

Ahora bien. Quiero plantear algunas divergencias en torno a la concepción de “política emancipadora”. Considero que se trata de conceptos antitéticos. Mientras entiendo la emancipación como la superación de toda forma de alienación y explotación (me refiero a la alienación en términos sociológicos, y no a lo que en sentido psicoanalítico podría pensarse como la alienación estructural por ser sujetos del lenguaje), la política refiere a la gestión del poder, más específicamente del poder estatal, en sus distintas variantes. Lejos de pensar en una “política emancipatoria”, creo que como parte de un pensamiento emancipatorio, es necesario llevar adelante una crítica de la política. El modo político de pensar la emancipación ha sido, entre otras, causa fundamental en el fracaso de distintas gestas revolucionarias (pienso fundamentalmente en la concepción estatalista y politicista de los bolcheviques que pretendieron construir el socialismo “desde arriba”). La política está íntimamente ligada al surgimiento de las lógicas estatalistas y de poder jerárquico, patriarcal y centralista. Entiendo que no es un instrumento neutro que pueda utilizarse sin que sus detentores queden afectados por sus dinámicas opresivas. Desde las políticas monárquicas, pasando por las burguesas y las revolucionarias, todas comparten la expropiación de las capacidades individuales y comunitarias de realización existencial y social en detrimento de un Otro detentador de un goce oscuro que se ubica artificiosa y neuróticamente por sobre la sociedad en su conjunto. En unas reflexiones todavía no publicadas en torno a un trabajo que versa acerca del “más allá del Estado” sostengo que: “En términos estatalistas, la diferencia se transmuta en jerarquía, la organización comunitaria en centralismo, la autodefensa en fuerzas especiales de represión, la capacidad de decisión en burocracia política, los valores humanos en ideología, la legalidad simbólica en derecho positivo, la paternidad simbólica en patriarcado, lo inasimilable de la femeneidad en desprecio hacia la mujer, la conflictividad en guerra, el malestar existencial en opresión de clase y voluntad de servidumbre (ver Etienne De La Boetie), las identidades y pertenencias afectivas en nacionalismo y espíritu de secta, los agrupamientos humanos en masas homogeneizantes, y la espiritualidad en religión doctrinaria. Su esencia es pagana y atea, sacralizada, autorreferencial, y con pretensiones de eternidad.”

De acuerdo a lo señalado, creo que pensamiento emancipatorio y política transcurren por carriles antagónicos. La emancipación requiere fundar una nueva praxis que subvierta una y otra vez, y aquí sí creo que es indispensable un trabajo individual y comunitario de conciencia y esclarecimiento, los presupuestos, los métodos y los fines de la política en cualquiera de sus formas.

La “clausura y totalización” lejos de excluir la política la expresan en su raíz más íntima. La política es una práctica inherente al Estado, cuya lógica totalizadora, autorreferencial y triunfalista  promueve falazmente su naturalización e indispensabilidad.  Sus delirios de inmortalidad y sus pretensiones omnipotentes de concreción progresiva e irrefrenable a lo largo de la historia tienen uno de sus puntos culminantes en el sistema hegeliano. Sus expresiones más álgidas, sus expresiones más paroxísticas, no sin diferencias, han sido el Estado nacional-socialista y  el Estado burocrático stalinista. Hoy asistimos a un sistema de dominio global que inevitablemente va mostrando sus grietas y fisuras a través de la irrupción de una sociedad que comienza de manera contradictoria a buscar salidas no políticas a la crisis existencial de la especie. Las revoluciones antiburocráticas del este europeo que derribaron los Estados burocráticos de la égida soviética, así como la rebelión argentina del 2001, la “primavera árabe”, o los “indignados” en Europa, empiezan a dar indicios de movimientos sociales que resisten la política, sus lógicas y sus prácticas. Creo que ahí está uno de sus más ricos potenciales (ver los desarrollos de Dario Renzi en torno a “La nueva época”).

Retornando el comienzo del artículo: creo que las reflexiones de Ema respecto al reposicionamiento del saber pueden resultar muy valiosas al momento de pensar en una nueva praxis social emancipatoria, que necesariamente, de acuerdo a lo reseñado, juzgo como no política.  Coincido con Ema cuando nos dice que no se trataría del saber pensado en tanto corpus teórico a ser aplicado sino como “producido por la situación como novedad situada.” Es vital el surgimiento de la capacidad inventiva que habilite la inscripción de la imposibilidad del saber, siempre y cuando la imposibilidad no sea decodificada como impedimento para idear el cambio radical de lo existente.

Inesperadamente equivocada

Por Mónica Arzani

fotocuento

No sé si fue a causa de la mañana desierta o del sol tan gentil que había salido para cegarme o si fue que llevaba tres noches de insomnio, pero lo cierto es que ocurrió lo inesperado, lo terrorífico. No fue el desborde de un río, tampoco una tormenta ni un hecho de sangre: es que me equivoqué de tren. Y me di cuenta lo equivocada que estaba cuando el inspector me pidió el boleto. Señora este tren se dirige a, y dijo un nombre que no comprendí. ¿A dónde?, le pregunté, y me repitió lo que tampoco pude entender. No insistí con la pregunta. Simplemente en un silencio, quebrado por los cuchillos de los pasajeros, los gritos de los vendedores y los ruidos del tren, me limité a mirar por la ventanilla con ojos de perplejidad. El paisaje se extendía enrarecido y lúgubre. Llovía; era un sucio atardecer, gastado y turbio. Creo haber cabeceado, hasta que la cara me quedó oculta en la falda de mi vestido; tenía la piel húmeda como la de una fugitiva cuyos días son tan breves que apenas deja una huella liviana  sobre el sendero. Cuando abrí los ojos aparecieron algunas estrellas, casi invisibles, y el canto pantanoso de esa realidad me fue envolviendo lentamente.

Desperté cuando el tren dejó su latido férreo en una estación cualquiera. El cartel indicador estaba borrado. Igualmente bajé. Enviaré un telegrama, si es que lo aprueban, pensé, y me senté en el escalón a esperar el tren de vuelta. Lo tomé sin esperanzas. Soy una mujer que desafía la imposibilidad y que siempre pierde la partida. Estoy desanimada. Una pasión sin fin me corroe: repetir, repetir, repetir…….

Los dioses son dioses porque no se piensan

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Por Ani Bustamante

Al leer el artículo de Martín Uranga «Lenguaje-psicoanálisis-ateísmo-mesianismo aparecieron ante mí las reflexiones y poemas de Pessoa, a traves de algunos de sus heterónimos. He titulado este pequeño comentario con un fragmento de un poema «Sigue tu destino» de Ricardo Reis.

Fernando Pessoa es uno de los poetas que mas nos ayudan a pensar en la alteridad absoluta y las diversas maneras de anudar lo uno y lo múltiple. La transcendencia en la inminencia misma. Por eso después de leer a Martín, paso por Pessoa y me pregunto: ¿Qué pasa si pensamos el más allá del padre como núcleo inmanente al padre mismo? Núcleo éxtimo.

El «más allá del padre» no como trascendencia sino como lo real inmanente al padre. Padre cuya función se pluraliza  (por qué no pensar en el paganismo pessoano) y luego se puede entender como  una letra (a), extracción de una partícula no simbolizable del lenguaje.

Pensar la trascendencia desde la inminencia misma, lo alteridad radical desde ese Uno que estalla, estructuralmente, como rendija que se abre en el sujeto.

No encuentro manera de pensar esto sin alimentarme del vértigo real de la paradoja, así que me tomaré algunas licencias más, más allá, del padre ¿puedo romper la cadena? Cuándo S1 y S2 no se articulan, cuando el efecto semántico queda eclipsado por ese Uno.  Retomo la cita de Lacan traída por Martín Uranga al final de su texto: “¿Es el uno anterior a la discontinuidad? No lo creo, y todo lo que he enseñado estos años tendía a cambiar el rumbo de esta exigencia de un uno cerrado, espejismo al que se aferra la referencia a un psiquismo de envoltura, suerte de doble del organismo donde residiría esa falsa unidad. Me concederán que el uno que la experiencia del inconciente introduce es el uno de la ranura, del rasgo, de la ruptura.”

 ¿Ese Uno, lleva lo Otro como inmanente?

¿He meditado sobre Dios y el alma
Y sobre la creación del mundo?
No sé. Para mí pensar en esto es cerrar los ojos
Y no pensar. Y correr las cortinas
De mi ventana ( que no tiene cortinas ).

(Fernando Pessoa)

Lenguaje – Psicoanálisis – Ateísmo – Mesianismo

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Por Martín Uranga

Quiero presentar a los lectores algunas reflexiones acerca de temas que considero cruciales al momento de pensar las coordenadas de la subjetividad de nuestros tiempos. En épocas en que la posmodernidad ostenta la diversidad como uno de sus baluartes y conquistas más preciados, les hago llegar algunas apostillas que de modo fragmentario intentan constituir un entramado discursivo a ser tejido por los distintos aportes que pudieran ir surgiendo, buscando conjurar la proliferación imaginaria carente de horizonte ético, con enunciaciones que den cuenta de una apuesta por el compromiso subjetivo y la inscripción de la diferencia.

Las reflexiones en cuestión pueden padecer de cierto desorden estructural propio del estilo. Espero que la resonancia que pudieran generar, les haga encontrar un cauce de sentido a construir en el seno de una intertextualidad creativa y fecunda, que no rehúya los contrapuntos, el debate y la polémica.

Lenguaje – Psicoanálisis – Ateísmo – Mesianismo

–       Si bien el ateísmo le ha permitido a Freud, siendo un “judío sin Dios”, de acuerdo a la expresión legada a Pfister, la posibilidad de erigir el discurso psicoanalítico, en tanto el mismo tiende a la consideración de la ausencia de garantía real en el mundo simbólico, asimismo, su ateísmo ha constituido su obstáculo principal, su punto ciego por excelencia. Lacan decía que la no creencia de Freud en Dios le hacía actuar en la misma línea. Es decir, su ateísmo le llevó a no advertir las consecuencias últimas de su obra, dadas por el hecho de que el inconciente supone la radical trascendencia de una alteridad constitutiva. Así, su no creencia en Dios, lo condujo a situar al fenómeno religioso como subsidiario de la neurosis, con lo cual queda el evento del lenguaje, del cual el hecho religioso es su soporte fantasmático, subsumido al registro del sujeto. De este modo, las coordenadas simbólicas situadas por Freud no pueden prescindir de la consistencia paterna. El rechazo de Dios retorna en la teoría bajo la forma de la hegemonía del padre como constitutiva de la subjetividad. Lacan dice, así, que el complejo de Edipo es el contenido manifiesto del deseo de Freud de sostener al Padre.

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El Ángel

Por Mónica Arzani

Cuando desperté, el Ángel estaba sentado en mi almohada, lo toqué con mis dedos de insensata y lo miré como una sonámbula en ebullición. Él se acercó puso sus labios sobre uno de mi oídos y me preguntó si podíamos procrear. Yo vi su sexo muy boscoso y algo interesante y accedí.

Pasaron las horas, los días, los meses, los años y yo sin poder parir ningún vástago.

Una mañana estaba recolectando la cosecha y a pesar de mi flaca visión vi desplazando jirones de nubes a una cuadrilla de ángeles hermosos, transparentes agrupados en racimos trémulos. Era a mi Ángel al que veía con una hembra sobre su lomo, rodeado de infantes gozosos de volar.

El silencio se cerró sobre mí, como una serpentina roja.

Un día un gemido extraño se paseó por mi boca, era como si me doliera o me dolía, abandoné entonces el lecho, me ubiqué en cuclillas sobre la alfombra y di a luz. El pequeño había permanecido oculto en mi cuerpo durante todos esos años, sin embargo no le guardé rencor, fue una chispita de sol en mi vida. No había terminado de devorar la placenta cuando vi suspendido en la atmósfera a mi Ángel con su hembra, en un centelleo tal que no los vi acercarse. Cuando pude distinguirlos me miraron acentuando una postura solemne. Nosotros vamos a criarlo como Dios manda les escuché decir y se zambulleron en su mundo con mi niño en los brazos, tan soberbios como un bloque de mármol blanquísimo.

Especial: Chabuca Granda

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