Madrid se despliega vertiginosamente a través de frases y de encuentros, a través de bares y de calles. La barra de un bar, dijo Cristina, es ese pliegue del que tu hablas Ani, ¿te das cuenta? Ahí están moebianamente lo público y lo íntimo. Lo más extraño y anónimo enlazando discursos, tejiendo continuidades, creando intimidad. La barra de un bar es el umbral donde la embriaguez hace razón.
Tengo una obsesión por los pliegues que me recuerda la frase de Barthes: “Padezco una enfermedad, veo el lenguaje”.
Escribo.
Entro y salgo de la clase de Marinas, intento frenar a la bestia. Quiebro las alas metafísicas.
Luego, escribo.













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