Los nombres de Pessoa

Por Ani Bustamante

Quiero mostrar en este artículo de qué forma la obra de Fernando Pessoa y el movimiento que con ella crea pueden servirnos para pensar asuntos psicoanalíticos absolutamente contemporáneos. Iremos viendo cómo, al poner en práctica el ejercicio del devenir-otro que caracteriza por ejemplo al Libro del Desasosiego, Pessoa se ve llevado a construir una magnífica obra heterónima que funciona como estructura para sostener la multiplicidad de singularidades que el poeta produce. Esta obra (que trataré en breve) es finamente tejida con unos hilos que intentan romper la tela diseminándose infinitamente. Es decir, el mero hecho de devenir-otro llevado al extremo y sin un punto que abroche, lanzaría al sujeto a un abismo metonímico, a un desplazamiento incesante que podría propiciar un desencadenamiento psicótico. Pienso que es fundamental pensar a este poeta en la complejidad de su movimiento, pues de esta fuga abierta a la pluralización de personalidades logra hacer una obra heterónima que reúne, sostiene y sirve como punto de capitón a esta multiplicidad de yos, en una suerte de cuerpo textual que de consistencia ante la amenaza de dispersión absoluta. En el Libro del Desasosiego Pessoa explora sus devenires y el acontecimiento de esa extrañeza íntima que Lacan llama extimidad:

He creado en mí varias personalidades. Creo personalidades constantemente. Cada sueño mío es inmediatamente, en el momento de aparecer soñado, encarnado en otra persona, que pasa a soñarlo, y yo no.  Para crear me he destruido; tanto me he exteriorizado dentro de mí, que dentro de mí no existo sino exteriormente. Soy la escena viva por la que pasan varios actores representando varias piezas.

La escritura es esa irrupción de lo Otro dentro de él, en ella desaparece para volver a surgir, al compás de sus otredades. ¿No es este movimiento el que da la posibilidad de que lo inconsciente sea posible? ¿No es acaso esta su manera de dividirse para constituirse como sujeto? Pienso que sí; sin embargo, creo que el genio de Pessoa —y su magnífica suplencia— inventa la heteronimia como estructura que sirve para acotar la búsqueda infinita de sensaciones gozosas que este devenir otro (que así como representa la posibilidad de que lo inconsciente se haga presente, también lleva en sí el goce metonímico al exceso) le brinda. Decía Pessoa que somos algo que sucede en el entreacto de un espectáculo , su obra da cuenta de este entreacto que, como quiero demostrar, esta estrechamente ligado a la producción de su universo heterónimo. Pessoa resulta un poeta que, además de tener en sus manos una poesía magnífica, nos otorga una obra única que puede servirnos como base para pensar al sujeto contemporáneo. Mi trabajo está dedicado a construir a partir de la obra pessoana un pensamiento y una clínica que pongan énfasis en las diferentes maneras en las que el yo puede tornarse Otro, y en los intervalos que se abren al interior del yo. Pessoa, en el Libro del Desasosiego, dice:

Dios mío, Dios mío, ¿a quién asisto? ¿Cuántos soy? ¿Quién es yo? ¿Qué es ese intervalo que hay entre mi y mi?

Pessoa lleva a cabo, a través de su escritura, la producción de heterónimos. Estos son personalidades ficticias creadas con total singularidad y diferencia respecto del autor, así, cada heterónimo tiene una fecha y un lugar de nacimiento, una posición filosófica y un estilo literario particular. Lo significativo no es solamente la radical alteridad que se genera dentro suyo, sino la manera como los heterónimos se relacionan, sus puntos de acuerdo y desacuerdo, sus filiaciones y conflictos. Opino que así como es relevante analizar la capacidad de descubrir lo otro dentro de él, también es interesante poner de relieve que al construir a estos personajes, Pessoa introduce intervalos “entre yo y yo”, abriendo espacios que permiten la separación entre significantes y la posibilidad de pensar al sujeto como producto de un intervalo vacío, de un entreacto.

Pessoa crea unos 70 personajes, la mayoría de los cuales no alcanzan el grado de heterónimo pues su singularidad no termina de construirse; sin embargo, esto sí sucede con cuatro de ellos: Alberto Caeiro, Álvaro de Campos, Ricardo Reis y Fernando Pessoa (tratado como un heterónimo más).

Veamos las diferentes posiciones que se ponen en juego a partir de la descripción de cada heterónimo.

Alberto Caeiro nació en Lisboa en 1889 y allí murió de tuberculosis, ciudad a la que volvió sólo para morir en 1915 a los 26 años. Fue un campesino que vivió la mayor parte de su vida en un pueblo de Ribatajo. Sin instrucción, su poesía surge como la revelación de un hombre que escribe en el campo a partir de un contacto directo con la naturaleza. Busca demoler la tradición filosófica y metafísica pues no acepta que sea a través de la representación que se acceda a la realidad, ni que se plantee un plano trascendente ya que su mundo es sin honduras, es por esto que dice: yo no tengo filosofía: tengo sentidos . Caeiro se animaliza intentando sentir la realidad sin mediaciones culturales, por esto accede al conocimiento no a través del advenimiento de una metáfora, ahí en donde algo hace falta, sino por el encuentro frente a frente con las cosas. El lugar en el que se coloca Caeiro es el de contemplador pasivo, que lejos de dividirse ante el enigma, no se perturba pues nada lo interroga. Esto lo expresa en el Guardador de Rebaños cuando dice:

Creo en el mundo como en una margarita
porque lo veo. Pero no pienso en él,
porque pensar es no comprender…
El mundo no se hizo para pensar en él
(pensar es estar enfermo de los ojos)
sino para mirar hacia él y estar de acuerdo…

La pulsión escópica está presente en la manera de gozar de este heterónimo, de tal manera que esta posición busca llenar imaginariamente los agujeros que aparecen con la introducción de la palabra. Si: “pensar es estar enfermo de los ojos” también se puede decir que para poder pensar, algo de la mirada en su función hipnótica y alienante, tiene que ceder. Es interesante pensar el lugar de la poesía de Caeiro como una poesía de lo real, aunque el poeta siempre está jugando con esto. Caeiro y su intento de romper con la representación, es el heterónimo que más bordea lo real apostando por la pura presencia de la cosa.

Caeiro se constituirá como el maestro de los demás heterónimos que irán apareciendo después de él. Así, el que será colocado como seguidor fiel y aspirante de esa posición natural y calma de Caeiro será Ricardo Reis quien nace en 1887 en Oporto. Proveniente de una familia tradicional ingresa en un colegio de jesuitas y sigue estudios universitarios en Medicina. Al no soportar vivir en la república portuguesa debido a sus profundas ideas políticas monárquicas, migra al Brasil. De alguna manera esto marca una suerte de exilio existencial que atraviesa el espíritu de este heterónimo que no se siente parte del mundo moderno.

Ricardo Reis sigue el camino pagano de Caeiro con un epicureismo que se evidencia en una aparente indiferencia ante la vida:

¡Tan pronto pasa todo cuanto pasa!
¡Tan joven muere ante los dioses cuanto
muere! ¡Todo es tan poco!
Nada se sabe, todo se imagina.
Circúndante de rosas, ama, bebe,
y calla. El resto es nada

El movimiento de Caeiro hacia Reis es interesante. El primero llevaba una vida tan natural que no quedaba lugar para la falta constitutiva del sujeto, el maestro parece no pasar por la castración y se erige como la excepción. Tratando de acceder a una felicidad sin cortes, Reis toma el ejemplo de Caeiro. Reis intenta esta calma, pero se torna tensa y angustiante: lo que antes (en Caeiro) estaba obturado, parece estallar y se hace evidente la muerte como un retorno de lo real que violentamente coloca al sujeto frente al horror de la nada. Reis huye a través de la poesía controlada y de la búsqueda de un grado cero en el cual el pensamiento y la sexualidad cesen:

Suave es vivir solo.
Grande y noble es siempre
vivir simplemente.
Tu dolor ofrece,
Exvoto, a los dioses.

Ve al vivir de lejos.
Nunca la interrogues.
Decirte no puede
nada. La respuesta
excede a los dioses.

Este heterónimo, alejándose del misterio y procurando el olvido, hace de la precisión de las ideas una manera de protegerse de los temblores gozosos (que aparecerán en la heteronimia con Álvaro de Campos). Su sexualidad es tímida e inhibida y tiene con Lidia —personaje de sus odas— una relación casi infantil y deserotizada:

Amémonos tranquilamente, pensando que podríamos,
si quisiéramos, cambiar besos y abrazos y caricias,
mas que más vale estar sentados el uno junto al otro
oyendo correr al río y viéndolo.

Cojamos flores, cógelas tú y déjalas
en tu regazo, y que su perfume suavice el momento-
este momento en que sosegadamente no creemos en nada,
paganos inocentes de la decadencia

Esta posición obsesiva se refugia en la inhibición y control que aparece fundamentalmente frente a la idea de muerte.

¿Qué significa esta búsqueda de armonía y esta protección contra el dolor de la vida? Podríamos decir, con Lacan, que el placer y el goce se contraponen, pues mientras el placer busca la homeostasis, la tensión mínima y el equilibrio, el goce produce tensión, excitación y hasta dolor. Del lado del placer se ubicaría esta suerte de felicidad buscada por Ricardo Reis —y también por Caeiro— que es agrado sin ruptura del sujeto en su vida . Para Lacan la felicidad se rehúsa a quien no renuncie a la vía del deseo , esto quiere decir que quién ha optado por asumir su deseo no se mueve dentro del campo de la felicidad —entendida ésta como búsqueda de homeostasis— pues padecerá de los movimientos pulsionales entre el goce y el deseo. Por otro lado, quien opta por la felicidad de la tensión mínima –—como Reis y Caeiro— renuncia a una posición deseante y esta renuncia trae consigo el alejamiento de la verdad del sujeto (la verdad es aquella que atañe al deseo inconsciente y su ética).

En contrapartida a lo obsesivo en Ricardo Reis, tenemos al otro lado del universo heterónimo a Álvaro de Campos, él representa una posición histérica. Este heterónimo es alto y delgado, con monóculo, pelo negro con la raya al costado y aspecto hebreo sefardí. Nació en Tavira el 15 de octubre de 1890 y se licenció en ingeniería naval en la universidad de Glasgow.

En relación a la forma de goce, Pessoa ha colocado en este heterónimo el estallido de un goce excesivo que toma al cuerpo como escenario de una falta que, a su vez, detona la búsqueda en el deseo (y en el goce) del otro:

¡Haced de mí lo que queráis, siempre que sea en los mares,
sobre cubierta, al son de las olas,
donde me desgarréis, matéis, hiráis!
[…]
¡Haced jarcias de mis venas!
¡Amarras de mis músculos!
¡Arrancadme la piel, clavadme en las quillas!
¡Y que pueda sentir el dolor de los clavos y nunca dejar de sentir!

De la misma manera que Caeiro, Álvaro de Campos sigue una línea en la que se priorizan las sensaciones antes que el pensamiento, sin embargo, en este caso son vividas como arrebatos pulsionales. Su forma de negar la castración es buscando sentir todo de todas las maneras, lo cual se transformará en goce mortífero del cuerpo.

Me he multiplicado para sentirme,
para sentirme, he tenido que sentirlo todo,
me he transbordado, entregado,
y hay en cada rincón de mi alma un altar a un dios diferente.
Los brazos de todos los atletas me han apretado súbitamente
femenino,
y sólo de pensar en ello me he desmayado entre músculos imaginarios .

La dimensión del cuerpo como imaginario es relevante en Álvaro de Campos, quién nos muestra constantemente cómo queda capturado por el brillo erótico que le proporcionan sus multiplicidades. En oposición al control e indiferencia de Reis, Álvaro de Campos vive su subjetividad desbordadamente. Este último es el heterónimo que más puede aproximarse al sentimiento del sujeto contemporáneo ya que, a diferencia de Caeiro y Reis, cuyos poemas pueden ubicarse indiferentemente en cualquier contexto, Campos esta inmerso en el mundo moderno y sus vicisitudes.

Ahora bien, quizá el momento en que podemos ver de manera más contundente la propuesta pessoana de alterizar el yo a través de la escritura es cuando construye a partir de su propio nombre a un otro. Así, fruto de las despersonalizaciones que llevan a Fernando Pessoa a un devenir otro constante, surge un heterónimo que lleva el mismo nombre que el demiurgo, es decir, nace Pessoa como un heterónimo más. En lo máximo del fingimiento, utiliza su propia biografía para implantar en ella a un otro y radicalizar sus desdoblamientos y su jugar a ser “él mismo” un alter ego de Fernando Pessoa: En carta a su amigo Cassais Monteiro, Pessoa explica cómo, después de la aparición de Caeiro, regresa él, ante una sensación de inexistencia que lo hace retornar pero, esta vez, mediado por la aparición de un maestro:

[…] Y lo que vino a continuación fue la aparición de alguien a quien di el nombre de Alberto Caeiro. Discúlpeme lo absurdo de la frase: apareció en mí mi maestro. Fue ésa la sensación inmediata que tuve. Y tan es así que, escritos que fueron aquellos treinta y tantos poemas, inmediatamente cogí otro papel y escribí, también de un tirón, los seis poemas que forman la ‘lluvia oblicua’, de Fernando Pessoa. Inmediatamente y totalmente… Fue el regreso de Fernando Pessoa Alberto Caeiro a Fernando Pessoa él solo. O, mejor dicho, fue la reacción de Fernando Pessoa contra su inexistencia como Alberto Caeiro.

Este paso por la inexistencia produce una escritura impregnada por lo incierto. Si bien Pessoa se coloca como discípulo de Caeiro, no toma de él esa negación del enigma, ni esa mirada concreta de la realidad. Constantemente, Pessoa se interroga, utiliza metáforas e interpretaciones que puedan acercarlo a lo desconocido. Esotérico e implicado en los temas nacionales, resulta entonces ser la antítesis de Caeiro.

El heterónimo Pessoa es el poeta que se debate entre el binario ser/no-ser, así como también en los binarios sentir/pensar, verdad/fingimiento, consciente/inconsciente. Es un poeta en el que la angustia por el estatuto ontológico de la vida se pone de manifiesto en sus diversas interrogaciones sobre el sentido, la realidad del yo, etc. Para él la poesía es una vía iniciativa hacia lo oculto.

Pessoa, en su búsqueda de sentido para las sensaciones, descubre las grietas en la representación y la incapacidad estructural del sujeto para tener un conocimiento directo del mundo. Ha pasado por la mediación, a través la producción de su heterónimo Caeiro, sufriendo una división subjetiva como efecto de la escritura y del saberse habitado por un Otro (el del lenguaje) que, bajo la forma de Caeiro, le muestra la extrañeza más cruda del sujeto ante su inconsciente. En por esto que Pessoa es el heterónimo en el que se hace presente de manera más clara la vivencia de separación y de intervalo. Interrogándose por esto, dice:

Entre el árbol y el verlo,
¿Dónde está el sueño?
¿Qué arco del puente más vela
Dios?… Me entristece
No saber si esa curva del puente
Es la curva del horizonte.

Entre lo que vive y la vida,
¿Hacía qué lado va el río?
Árbol vestido por hojas,
Entre eso y el Árbol ¿hay un hilo?
Palomas volando, el palomar
¿Está siempre a su derecha, o es real?

Dios es un gran Intervalo,
Pero, ¿entre qué y qué?…
Entre lo que digo y callo,
¿Existo? ¿Quién es el que me ve?

Tenemos del otro lado de esta posición de Pessoa a un Caeiro que no conoce de intervalos:

Lo que vemos de las cosas son las cosas.
¿Por qué habríamos de ver una cosa, de haber otra?
¿Por qué ver y oír ha de ser engañoso
si ver y oír es ver y oír?

Con esta puesta en escena de los heterónimos y la relación entre ellos, quiero intentar una mirada nueva que pueda leer en la estructura de la obra sus complejos matices y proponer que es justamente en la posibilidad de crear relaciones entre lo heterónimo en donde se puede establecer un eje que sostenga las fuerzas centrifugas y centrípetas del sujeto y de la obra.

La escritura de Pessoa puede entenderse como una suplencia del “nombre del padre” que opera sujetándolo ante la problemática de unos goces vertiginosos con la nada, la melancolía y el no-ser. A través de esta suplencia se puede adquirir una función fálica —expresada en el momento en que la pluma marca un rasgo en el papel— que lo hace capaz de tomar una dirección y salir al mundo con la posibilidad de ganar y de perder simbólicamente. El acto de escribir cumple la función de nombre del padre en tanto otorga nombres y estructura un universo con parentescos y filiaciones. A su vez, la escritura sirve como un ordenamiento de fragmentos y de dispersiones. Esto último lo podemos ver en el Libro del Desasosiego: ensayando la creación de singularidades, Pessoa, a través de su semi-heterónimo Bernardo Soares, nos lleva por esas líneas de fuga que son la antesala de la heteronimia. Este libro es una suerte de laboratorio en el que el poeta narra sus sensaciones y sus devenires a partir de fragmentos. De esta manera, el acto de escribir va dejando siempre un resto que puede cumplir la función de objeto a, causando deseo y dividiendo al sujeto.

Asomándose a un lenguaje que deja la prioridad del sentido para apoyarse en la materialidad y función de la letra —en un “saber hacer” que resulta imprescindible para que el sujeto logre convertir su dolor en obra—, Pessoa explica en un bello fragmento del Libro del Desasosiego la función atemperadora de la escritura frente a la fiebre del sentir:

Si escribo lo que siento es porque así disminuyo la fiebre del sentir. Lo que confieso carece de importancia, pues no hay nada que tenga importancia. Hago paisajes con lo que siento: hago vacaciones de las sensaciones. Entiendo bien a las bordadoras que lo son por dolor o a las que hacen punto de media porque hay una vida que vivir.

En los actuales tiempos del consumo y tecnologías, encontramos que el sujeto contemporáneo está capturado por una oferta ilimitada de goce en la que se propone construir diferentes identidades a partir de las marcas del mercado. De la misma manera, la virtualidad seduce pluralizándonos en alter egos digitales en una política en la cual no se debe tener límites. Es como si la voz de Álvaro de Campos gritara más fuerte que nunca: “hay que sentirlo todo de todas las maneras”, con la diferencia que en muchos casos la multiplicidad de sensaciones no encuentran un punto que, a la manera de una metáfora, posibilite la adquisición de un sentido y corte la deriva metonímica. Es por esto que propongo tomar la obra de Pessoa como un “saber hacer” que puede aplicarse a la manera de gozar del sujeto actual. Este “saber hacer” otorga la posibilidad de devenir Otro y limita la diseminación gozosa con la creación de la estructura heterónima que, a la manera de un orden borromeo, funciona como nombre del padre para acotar al sujeto y sostener la multiplicidad de vidas y goces tan presentes en la experiencia contemporánea. Fernando Pessoa no se queda en el devenir otro, él hace de esto un arte de la nominación, una potencia para hacer surgir, a través de nuevos nombres, una estructura en la que sus heterónimos se sostienen y se confrontan. Creó con esto los intervalos necesarios dentro de él y permitió el nacimiento de un maestro (Alberto Caeiro) que funda un movimiento poético y se instala como metáfora paterna.

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Comments

  1. Primero: ¡Aleluya! La actualización funciona.Segundo: esplendidísimo ensayo, Ani. Voy a imprimirlo para releerlo con calma. Estoy segura de que vas a salir triunfante del reto que te espera el próximo mes. Serían necesarios muchos más estudios como éste, pues la filología pierde, si no, un útil y finísimo método de aproximación a la obra literaria. Yo lo uso, ya lo sabes (he descubierto el factor serpiente; gracias, mil gracias, Ani), muy poquito pues no lo conozco como tú. (por cierto, he escuchado también tu música; ¡si puedes, me gustaría que vieras mi entrada del 21-11-08!)Un abrazo enorme, Ani, y gracias mil por haberme encontrado.

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  2. Celebremos Bel, celebremos!!! gracias pr tomarte el tiempo de leer este texto, lo hice hace unos meses para una revista de psicoanálisis, está inspirado en mi tesis, pero no es parte de ella. La filología, la filosofía, el psicoanálisis… necesitan recorrer sus propios bordes, sino se pierden en una lectura absurdamente autoreferencial. En mi caso, la lectura de Pessoa es muy peculiar. Leer la obra completa me lleva a “ver” superficies y dibujarlas.. me interesa la textura de la obra pessoana como base para hablar de topología. Bueno, ando absolutamente tomada por la angustiosa espera, me paso horas frente a papeles, preparando, ensayando la defensa (es en menos de dos semanas!!!!!!!!) sabes? no puedo pensar ese día!No sé en qué momento de la investigación estes tu, pero me encantaría conversar contigo de este viaje… (estas en Madrid?).Escuche tu entrada de Mariza, la he comentado por varios lugares… me quedo con ganas de más! más fado, más Lisboa. Vi a Mariza hace poco, invitada en un concierto de Adriana Calcanhotto, cantó a capela que te mueres!!!!Gracias por esa versión!Te dejo un fado de Dulce Pontes: http://www.youtube.com/watch?v=MSIGWEcR5DcBeso grande

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  3. Que no me puede pasar estooooooooooo.Que voy al “seguir leyendo” y me aparece don twitter!!!!!!!!!!!Me vuelvo al lector de feeds, allí creo que se lee completo..(

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  4. Ah, es brillante. Me lo guardo desde allí.Ya la tensión entre goce y placer me ha dejado con la cabeza dando vueltas.Nunca el equilibrio entre esas fuerzas pulsionales.En mi primer blog, <>Elogio de la desmesura<>… quién puede haber estado?Álvaro de Campos…. sin dudas.No sólo un blog. La vida.Un beso enorme, mujer.

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  5. Mar, tus turbulencias no te estan dejando pinchar el “seguir leyendo” bien, creo que bajas el cursor y le das a la barrita de abajo (me ha pasado a mi tb) y abres esas otras cosas. He probado y funciona bien el desplegable. Gracias por leernos (a mi y mis otras), que alegria que te guste!!!!!! necesitaba tu opinión. Tengo la impresión que en Elogio de la desmesura se escondía Alvaro de Campos, pero no sólo ahí, lo siento latir en todos tus blogs, aunque quizá en itinerarios están de editores Ricardo Reis, el poeta preciso, el estoico Y Fernando Pessoa (ortónimo) preguntándose por el abismo (sin dar el salto)… A Caeiro no lo veo mucho. Pero, está claro que Alvaro de Campos es tu socio, tu cómplice.Y con esto, te digo, no sólo un blog… te digo la vida, pero ¿qué es la vida?Gracias, gracias… cuánto necesito de esta ida y vuelta.Beso enorme

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  6. Sí, pero hay que las construcciones son ilusorias.una sola existe.

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  7. Gracias fd por tu visita… ¿y si pensamos que la existencia es una ilusión más? habrá que consultar al poeta.Saludos heterónimos

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  8. Anonymous says:

    Hola Ani: Acabo de leer tu interesantísimo mosaico conceptual sobre Fernando Pessoa. Verdaderamente abres una serie de vías en las que creo que ha de ser muy fructífero seguir incidiendo. Estoy muy de acuerdo con la lectura que haces de Caeiro, a mí fue el heterónimo que más me impresionó, y Bernardo Soaeres el que más influyó, podría decir, en mi vida, en cuanto a la producción de escritura. Tendré que leer todo con un poco más de calma para ir haciéndome con tu reflexión, pero en términos generales, me parece una línea muy a tener en cuenta. Recibe un abrazo y muchas felicidades por el esfuerzo de lectura que haces con este grande de la literatura. Tu trabajo, por novedoso, nos ayudará a todos a enriquecer nuestras lecturas. Un fuerte abrazo. Miguel Ángel de liter-a-tulia.

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  9. Miguel Ángel, gracias por leer el artículo, tu lectura profunda e intensa de la obra de nuestro querido Pessoa me enriquice enormemente. Caeiro es impresionante, para mí es cómo el poeta de lo real (si es que se puede admitir mi exceso), es increíble que él sea el maestro de todos, no? es cómo para pensarlo. Bernardo Soares, tan cercano a Pessoa, nos enseña a escribir y a devenenir. Yo amo a Álvaro de Campos, la Oda Marítima me dejó conmovida durante meses… las mareas que atraviesan el poema son perfectas, las subidas y bajadas… Ricardo Reis, me cuesta…
    Lo heterónimo como estructura multiple es lo fascinante para mí.

    En fin, que espero conversar contigo algún día de estos temas… a ver si me acompañas en mis delirios sobre una clínica heterónima.

    Te felicito por liter-a-tulia, para la reunión de Murakami, espero estar ahí! es otro de mis amados escritores.

    Un abrazo

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  10. Acabo de descubrir tu blog y tenía que felicitarte por él y por esta entrada, que he leído en profundidad. Me encanta Pessoa y como comentan más arriba, abres una serie de vías en las que creo que podrías seguir incidiendo para un resultado más fructífero de este análisis. Aún así, insisto enhorabuena!!!

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  11. Gracias Mari por pasar por aqui y detenerte en este texto. Pessoa es un genio, ha sido capaz de crear una estructura heterónima tejida con hilos finísimos.
    Sí que vale la pena seguir abriendo vías para que, a partir de esta obra, podemos pensarnos de diversas maneras. Ya iran apareciendo otros Trazos por aqui…
    Un abrazo

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  12. olá,
    cheguei a si através dos famosos “hermanos pessoa” e do blog “pessoas de pessoa” de carlos ciro.
    li o seu texto – bemvinda ao labirinto pessoano! tem a noção que não há ícaros aqui possíveis? – que foi das melhores coisas que me foi dado ver nos últimos tempos.
    é sempre com um enorme prazer que descubro novos pensamentos em torno da pessoana interrogação de ser possível ser ainda um outro dentro daquele desassossego de se saber ser outro em si mesmo…
    ah, e gosto muito do que escreve em “aniverso”.

    un saludo,
    josé luís

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  13. Oi Jose Luis, muito brigada pelo seu comentario (me-disculpe o mal portugues, faz muito tempo que nao uso ele, allem de ter aprendido o portugues do Brasil)
    O tema de otredad no interior do si-mismo me apaixona, e penso nisso como um lugar necesario para re-pensarnos. Pessoa é o meu grande mestre.
    Tomara a gente possa bater um bom papo pessoano.
    Brigada tamben pela visita y o comentario sobre “aniverso”.

    Abraço,
    A.

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  14. Pessoa

    O como ser Todos… siendo solo uno..!!… lo qu ehace la curiosidad infinitaa!!!

    molaaa este locoooo!!!

    buen rollooooo aquiiii!!

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  15. Me gustó mucho leer este texto sobre Pessoa. A mí es uno de los autores que más me gustan y, de hecho, tengo incluidos varios de sus poemas en mi blog Cráteres (crateres.blogspot.com). (Es una pequeña antología, o más bien “antojolía”, porque incluyo a los autores que se me antojan). Entré en tu magnífico blog porque andaba buscando precisamente información sobre Pessoa, en concreto las cartas que escribió a su novia Ofeliz Queiroz. Me consta que se publicaron en español, pero la edición en libro está agotada y descatalogada, y por ello estoy buscándolas en la Red. Si algún alma caritativa me quiere ayudar, se lo agradeceré infinito. Por favor, en tal caso dejad comentario en mi blog.

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  16. Uy, perdón escribí “Ofeliz”. El verdadero nombre de la novia de Fernando Pessoa es Ofelia Queiroz, y el libro se tituló “Cartas de Pessoa a Ofelia Queiroz”, pero ya digo que actualmente es inencontrable.

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  17. Gracias Emilia por pasar por aqui y detenerte en este texto sobre el gran Pessoa. No conozco el libro con las cartas, pero me parece interesantísimo, voy a seguir la pista y si se algo te aviso.
    Saludos

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  18. Llegué de otro blog, de otro universo… Vi Pessoa en tus etiquetas y casi me muero. En fin.

    Los heterónimo eran todo un mundo. Un mundo es lo que escribe: “Vivir es no dejarse matar”. Cuando lees eso a los 16 años tu vida no puede ser la misma.

    A ver si paso por estos lares en otro momento que no sea de “trabajo”. Je.

    Un abrazo.

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  19. Bienvenido al multiverso Pessoano de este blog G_Tk. Creo que cuando lees esto a cualquier edad tu vida y tu mismo, no pueden ser los mismos. Yo soy un Otro, Pessoa nos lo hace experimentar como nadie.
    Un gusto compartir estas pasiones,
    Otro abrazo

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  1. […] la psicoanalista Ani Bustamante y el docente universitario Arturo Sulca, quien señala que hay otredades que van hablando dentro de uno… “Otredades que van zurciéndose entre sí tratando de articular un uno…”. Ani y Arturo […]

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