“Desmaterializar es la noria de los angustiados”

Hugo Savino

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 Y uno habla con gente que no tiene ni idea de estas cosas: tener ganas de escribir: y boyar de un café al otro, con una libreta en la mano: pescando lo que se puede. La libreta como un carromato: meto todo ahí.

Hugo Savino. Salto de mata.

 El escritor y traductor Hugo Savino argumenta que el llamado arte extremo es un fenómeno del mercado global que apuesta por la no obra, por la monserga de los profesores y sin nombrar a infantilismos institucionales como el de Marina Abramovic, caen bajo su estoque Clement Greenberg, Damien Hirst y Theodor Adorno, a fin de ilustrar las piezas de Willem De Kooning, Samuel Beckett o Charles Baudelaire.

Ensayista, actualmente vive en Madrid. Publicó Salto de mata Viento del noroeste, además de una cantidad imprecisa de artículos, reseñas, comentarios y traducciones, de Philippe Sollers, Francis Scott Fitzgerald y Louis-Ferdinand Céline, entre otros.

Esta es la conversación que sostuvo con Télam desde la capital española.

T : El llamado arte extremo -donde lo que suele ponerse en juego es el propio cuerpo- ¿desde cuándo podría fecharse su aparición, y cuáles serían los protocolos que lo organizan?
S : Arte extremo es una etiqueta, de un arte solidario con la no-obra. Si aceptamos que la obra, para ponernos en la línea de Carlo Emilio Gadda, es subjetivación de un individuo singular que contribuye de manera singularmente eficaz a la perpetua e ininterrumpida creación de una lengua. Y yo lo acepto, y te respondo como un tipo que va a museos, entra y mira cuadros, cargado de dudas de aficionado, de aficionado prudente, que llega con los brazos colgando y se va con los brazos colgando, la cabeza cargada con lo que creyó entrever, y no acepta los diktats de la estética, que está hecha por profesores que sólo le hablan a la estética y se cagan en la obra. Ponerse bajo la etiqueta de arte extremo o del arte que sea es ponerse en la huella que trazan los ideólogos, es como dice De Kooning ponerse al servicio de un pequeño dictador. De paso, me gusta el gesto de De Kooning echando a Clement Greenberg de su estudio. Así debemos hacer con los profesores, invitarlos a retirarse y que nos dejen ver tranquilos. Porque se ve con la voz ¿no? Para leer o ver pintura elijo ese momento en el que Beckett va escuchar a Adorno, que justamente da una conferencia sobre su obra Fin de Partida y en voz baja le dice a Sigfried Unseld, editor de ambos: Eso es el progreso de la ciencia: que los profesores puedan obstinarse en sus errores. Y como el arte extremo predica la no-lectura, y dice que se ve con los ojos y junta a su alrededor un rum-rum de historiadores, periodistas, tipos que hacen papers, voy a hacer citas. Para defenderme. El cuerpo siempre está en juego. Watteau puso el cuerpo en la pintura, Manet también. Y Fortunato Lacámera en la Boca. ¿O vamos a creer que poner el cuerpo en el lenguaje es hacerse un corte? Esa antigualla es para el museo de la Ciudad.

T : Los envases con mierda de artista popularizados por los almacenes Saatchi, ¿representan una suerte de bioarte, biopic, objetos de consumo (mercantil)? Sin canonizar el dispositivo de la estética clásica, ¿cómo entender el valor de mercado de estos objetos, de algunas piezas de Damien Hirst o del ganado pudriéndose atrás de un vidrio? Sobre esto, hay un cuento muy gracioso de Rubem Fonseca.
S : Damien Hirst hace lo hecho, no inventa nada, y le pone mierda. No pasa de ahí. Mierda y dinero, inseparables: pero Balzac es inagotable en ese terreno. Hirst es un artista de época, hay miles. Tipos llenos de contenido. Prefiero ver una exposición de muebles imitación Bidermayer. O quedarme en casa leyendo a El reverso de la historia contemporánea.

T : Entonces ¿no podría pensarse como una instalación el atentado a las twin peaks en 2001?
S : Ver el atentado a las Torres Gemelas como instalación es no haber leído a Nadiesha Mandelstam. O a Ruth Kluger. Es de alguien intoxicado por libros de estética.

T : La desmaterialización del objeto, ¿cómo se vincula con el arte extremo?
S : Desmaterializar es la noria de los angustiados. Artistas asustados,respetuosos de las normas y del mantenimiento del orden, de la crítica. Pronto un cuadro de Lacámera o de Pirozzi, una escultura de Norberto Gómez, van a ser arte degenerado. Me alucina la reaparición de Max Nordau. Da la impresión de que Mallarmé no escribió – cosa que va a ser posible: se me ocurre citarlo: Nombrar un objeto, es suprimir las tres cuartas partes del goce del poema que está hecho de adivinar poco a poco: el sugerir, he ahí el sueño. Nombrar y sugerir: contra desmaterializar. O Pierre Soulages: ¿La realidad? Es la triple relación que hay entre aquel que pinta una tela, esta tela y el que la mira. Sería bueno salir de esta misa del arte extremo.

T : Supongo que habría algo agotado que produjo la emergencia de Marcel Duchamp, Robert Rauschenberg, Andy Warhol y todo lo que siguió. Si esta hipótesis es cierta o está en camino, ¿cuál fue ese agotamiento y de qué se habla cuando se habla de muerte del arte?
S : No veo el arte en términos de agotamiento. O de muerte del arte. Es muy pobre como posición. Los que decretan el agotamiento son los que ya leyeron. Ellos son los que están muertos, no el arte. Es el razonamiento de los que programan la ignorancia. Es puro esteticismo. Que siempre chapotea en la no obra. Búsqueda de la esencia. Una mascarada del miedo a pensar. A lo posmoderno prefiero la modernidad, que es el ritmo. El movimiento, la continuidad. Y en cuanto a Duchamp: el problema es que siguen repitiendo su gesto al hartazgo, y encima -como es una suerte de santón de los boyscouts del arte- te lo sacan como tarjeta para mantener el orden. Metro patrón.

T : Finalmente, ¿es un fenómeno artístico más o menos novedoso el de la práctica de cortes, escoriaciones, mutilaciones, promocionados cambios de sexo, etcétera, en muchos de quienes se reivindican artistas?
S : Parece más un fenómeno de mercado. Lo veo más del lado de lo lúdico, lo iconoclasta subvencionado, un poco comunitario. Anti-baudelairiano. En el sentido en que Baudelaire estaba en la vida y no hacía más que atravesar el arte. Por el contrario, estas prácticas viven en el arte y niegan la historicidad de la vida.

Fuente: http://www.telam.com.ar/notas/201409/78957-desmaterializar-es-la-noria-de-los-angustiados.html

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