Política de lo imposible

Por José Enrique Emaescher gallery

Una política de lo imposible* transforma una situación dada, un determinado paisaje de lo posible, haciendo ocurrir precisamente lo que era imposible para él, el punto clave, sintomático, que era necesario que no ocurriera. Por ejemplo: la gente haciendo política al margen de los representantes políticos en el 15M en España, cuando las coordenadas dominantes identificaban política únicamente con elecciones y parlamentos.

Se trata de un proceso de incorporación de una novedad que excede y desborda sus propias condiciones de posibilidad (incluso a sus protagonistas, que son más un resultado que su causa suficiente). Pero no llueve del cielo, no es el resultado de una decantación más o menos natural de las condiciones latentes o de la aparición de un milagro inesperado. Hay política de lo imposible cuando hay construcción en la práctica de las consecuencias de una irrupción que retroactivamente se reconoce como novedosa.

Por eso la política de lo imposible es sobre todo un asunto de sensibilidad y de trabajo. Está más cerca de la labor atenta al clima y a las condiciones de la tierra para sembrar en ellas, que del voluntarismo ciego y autorreferencial de quien intenta forzar la realidad para que refleje sus idealizaciones teóricas o deseantes.

La sensibilidad pasa por escuchar lo imposible que forma parte de la situación y nombrarlo de otra manera desde las nuevas coordenadas que se proponen. Y ello supone conectar de manera realista con lo que hay (que no es lo mismo que seguir “a pie juntillas” sus normas y reglas, si hablamos de una transformación política es porque aspiramos a que estas sea otras). Se trata entonces de participar en la situación desde un cierto (des)acompasamiento crítico con ella.

El trabajo pasa por hacer viable y durable eso no representable con los códigos de lo que se declara ya pasado. No es suficiente con abandonar lo viejo como si el río de lo nuevo fuera a ocupar espontáneamente el cauce que ha quedado vacío. Es necesario un trabajo paciente de construcción y articulación de lo que no está dado de antemano: las voluntades, las posiciones políticas y las condiciones materiales de durabilidad para ese nuevo escenario político. Por eso hay que ir más allá del mero rechazo a lo viejo y llenar de contenido transformador los relatos y las pasiones para poder sostener la afirmación de una novedad política.

……

*Podemos distinguir dos tipos de imposibilidad. Por una parte aquella, inherente y constitutiva de lo que somos, que nos divide y fractura como plenitud (social o subjetiva); y por otra, la que en el marco de un determinado orden social nos señala que una posibilidad concreta es inviable (auditar y reestructurar la deuda externa de un país en la actual coyuntura política europea). La segunda permite enmascarar “ideológicamente” la primera, como si fuera posible algún tipo de plenitud social (y con ella un criterio neutral sobre sus imposibilidades). Pero no se trataría de plantear ahora que todo puede ser posible (si aceptamos que no hay plenitud definitiva) sino que el resorte que nos permite transformar las coordenadas de lo posible es aquello que funciona precisamente como su imposibilidad necesaria. Y, desde luego, no hay posición objetiva/externa que permita detectar ese punto de imposibilidad. Solo desde “dentro” de un proceso político podemos reconocer retroactivamente las (im)posibilidades que estaban abiertas. Y para ello no queda otra que comprometerse subjetivamente y arriesgar en situación pero sin garantías.

Imagen: “Print Gallery,” de M.C. Escher

Sobre Mil Mesetas

Por Ani Bustamante

milmesetas

Leo Mil Mesetas de Deleuze-Guattari, el efecto del texto va resonando en mi cuerpo, devengo maquina de escritura, me embriago de sonidos inaudibles. En el límite del territorio familiar, pueden pasar, por lo menos, dos cosas… o un repliegue aterrorizado para afirmar una despótica racionalidad sin riesgos, o de despliegue hacia ese territorio que sacude los viejos pilares en los que el yo se siente tan cómodo.

¿Cómo efectuar el movimiento?

Delueze-Guattari señalan que la música es una de las vías más propicias para realizar desterritorializaciones, ningún pueblo se levanta por una bandera roja, pero si por una marcha, afirman.

Al despertar de un sueño en el que la palabra “máquina” no dejaba de resonar y enlazarse a otros significantes, desayuno y pongo música. Entro a este Trazo para lanzar unos fragmentos de Mil Mesetas,  un video-arte de Jorg Staeger y darle lugar al movimiento.

Entre tanto,  sigo escribiendo algunas fugas para las próximas Jornadas sobre Deleuze en Lima

Un tejido presenta en principio un cierto número de características que permiten definirlo como espacio estriado. En primer lugar, está constituido por dos tipos de elementos paralelos: en el caso más sencillo, unos son verticales, otros horizontales, y los dos se entrecruzan, se cruzan perpendicularmente. 

En segundo lugar, los dos tipos de elementos no tienen la misma función; unos son fijos, y los otros móviles, pasando por encima y por debajo de los fijos.  En tercer lugar, un espacio estriado de este tipo está necesariamente delimitado, cerrado al menos por un lado: el tejido puede ser infinito en longitud, pero no en anchura, pues ésta está definida por el marco de la urdimbre; la necesidad de un ida y vuelta implica un espacio cerrado (y las figuras circulares o cilindricas también son cerradas). Por último, este tipo de espacio presenta necesariamente un revés y un derecho; incluso cuando los hilos de la urdimbre y los de la trama tienen exactamente la misma naturaleza, el mismo número y la misma densidad, el tejido reconstituye un revés al quedar sólo de un lado los hilos anudados….

…existe toda una navegación nómada empírica y compleja que hace intervenir los vientos, los ruidos, los colores y los sonidos del mar… el mar, arquetipo del espacio liso, ha sido también el arquetipo de todos los estriajes del espacio liso: estriaje del desierto, estriaje del aire, estriaje de la estratosfera (que hace que Virilio pueda hablar de un “litoral vertical” como cambio de dirección). En el mar fue donde primero se dominó el espacio liso, y donde se encontró un modelo de organización, de imposición del estriado, válido para otros sitios. Lo que no contradice la otra hipótesis de Virilio: al término de su estriaje, el mar vuelve a producir una especie de espacio liso, ocupado primero por el fleet in being, luego por el movimiento constante del submarino estratégico, que desborda todo cuadriculado, que inventa un neonomadismo al servicio de una máquina de guerra todavía más inquietante que los Estados que la reconstituyen en el límite de sus estriajes. El mar, luego el aire y la estratosfera vuelven a ser espacios lisos, pero para mejor controlar la tierra estriada, en la más extraña de las inversiones…

 

EMANCIPACIÓN Y REDENCIÓN, Más allá del Estado. Segunda parte.

Por Martín Uranga

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De acuerdo a lo trabajado en la primera parte, dijimos que el Estado es una alteridad con características diferentes a las conformadas en la dimensión religioso-comunitaria (Dios) y en la singular-desiderativa (Inconciente). Constituye una instancia que lleva en su marca más íntima el signo del pecado, según habíamos señalado siguiendo una ruta benjaminiana de pensamiento. Así, el Estado surge como una estructura de apropiación con pretensiones totalizantes, en detrimento de facultades humanas esenciales que se ven alteradas en beneficio de la maquinaria de goce que su irrupción presentifica. Siendo así, es legítimo preguntarnos hasta qué punto es posible seguir hablando del Estado como alteridad de los seres humanos sujetos a su lógica política.

Pensemos un poco más acerca de la naturaleza íntima del Estado. Si su estructura y origen obedecen a una lógica de expropiación de la libertad y de la capacidad de decisión de las personas, si se conforma como una suerte de Otro detentador de un goce opresivo con distintos grados de simulación según el momento histórico a considerar, pienso que es conveniente cuestionar su carácter de alteridad social. En términos estatalistas, la diferencia se transmuta en jerarquía, la organización comunitaria en centralismo, la autodefensa en fuerzas especiales de represión, la capacidad de decisión en burocracia política, los valores humanos en ideología, la Ley (legalidad simbólica) en derecho positivo, la paternidad simbólica en patriarcado, lo inasimilable de la femeneidad en menosprecio hacia la mujer, la conflictividad en guerra, el malestar existencial en opresión de clase y voluntad de servidumbre (ver Etienne de la Boetie), las identidades y pertenencias afectivas en nacionalismo y espíritu de secta, los agrupamientos humanos en masas homogeneizantes, y la espiritualidad en religión doctrinaria. Su esencia es pagana y atea, sacralizada, autorreferencial, y con pretensiones de eternidad (ver las Conclusiones).

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“Desmaterializar es la noria de los angustiados”

Hugo Savino

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 Y uno habla con gente que no tiene ni idea de estas cosas: tener ganas de escribir: y boyar de un café al otro, con una libreta en la mano: pescando lo que se puede. La libreta como un carromato: meto todo ahí.

Hugo Savino. Salto de mata.

 El escritor y traductor Hugo Savino argumenta que el llamado arte extremo es un fenómeno del mercado global que apuesta por la no obra, por la monserga de los profesores y sin nombrar a infantilismos institucionales como el de Marina Abramovic, caen bajo su estoque Clement Greenberg, Damien Hirst y Theodor Adorno, a fin de ilustrar las piezas de Willem De Kooning, Samuel Beckett o Charles Baudelaire.

Ensayista, actualmente vive en Madrid. Publicó Salto de mata Viento del noroeste, además de una cantidad imprecisa de artículos, reseñas, comentarios y traducciones, de Philippe Sollers, Francis Scott Fitzgerald y Louis-Ferdinand Céline, entre otros.

Esta es la conversación que sostuvo con Télam desde la capital española.

T : El llamado arte extremo -donde lo que suele ponerse en juego es el propio cuerpo- ¿desde cuándo podría fecharse su aparición, y cuáles serían los protocolos que lo organizan?
S : Arte extremo es una etiqueta, de un arte solidario con la no-obra. Si aceptamos que la obra, para ponernos en la línea de Carlo Emilio Gadda, es subjetivación de un individuo singular que contribuye de manera singularmente eficaz a la perpetua e ininterrumpida creación de una lengua. Y yo lo acepto, y te respondo como un tipo que va a museos, entra y mira cuadros, cargado de dudas de aficionado, de aficionado prudente, que llega con los brazos colgando y se va con los brazos colgando, la cabeza cargada con lo que creyó entrever, y no acepta los diktats de la estética, que está hecha por profesores que sólo le hablan a la estética y se cagan en la obra. Ponerse bajo la etiqueta de arte extremo o del arte que sea es ponerse en la huella que trazan los ideólogos, es como dice De Kooning ponerse al servicio de un pequeño dictador. De paso, me gusta el gesto de De Kooning echando a Clement Greenberg de su estudio. Así debemos hacer con los profesores, invitarlos a retirarse y que nos dejen ver tranquilos. Porque se ve con la voz ¿no? Para leer o ver pintura elijo ese momento en el que Beckett va escuchar a Adorno, que justamente da una conferencia sobre su obra Fin de Partida y en voz baja le dice a Sigfried Unseld, editor de ambos: Eso es el progreso de la ciencia: que los profesores puedan obstinarse en sus errores. Y como el arte extremo predica la no-lectura, y dice que se ve con los ojos y junta a su alrededor un rum-rum de historiadores, periodistas, tipos que hacen papers, voy a hacer citas. Para defenderme. El cuerpo siempre está en juego. Watteau puso el cuerpo en la pintura, Manet también. Y Fortunato Lacámera en la Boca. ¿O vamos a creer que poner el cuerpo en el lenguaje es hacerse un corte? Esa antigualla es para el museo de la Ciudad.

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Del goce femenino al sinthome

Por Marita Hamann

La noción del goce femenino como sustrato de todo goce es un nuevo paradigma del goce que JAM extrae de su lectura de la muy última enseñanza de Lacan, especialmente, de lo que se desprende del seminario XX en cuanto a la existencia de un goce no-todo atravesado por la función fálica, y del seminario XXIII, por cuanto las elaboraciones de Lacan en torno a Joyce permiten avizorar maneras de hacer con el goce que involucran una suerte de inconsciente real, allí donde la dimisión paterna es patente (lo que ocurre siempre en algún grado, en todos los casos).  Vale decir, no lo encontraremos explícitamente señalado por J. Lacan como tal.

Seguir leyendo:  Del goce femenino al sinthome[i].

Las imágenes en el mundo digital

Por José Milmaniene

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El lugar que deben ocupar, en las sociedades de consumo, el sujeto del inconsciente el discurso psicoanalítico que le es inherente, tiene que ser preservado del embate hegemónico de la tecnociencia y del mundo digital, que tienden a relegar la dimensión existencial-desiderativa del Ser.[1]

Ahora bien, el desarrollo y despliegue de los dispositivos técnicos y científicos, no se oponen en forma obligada a la emergencia de la singularidad subjetiva, a condición de que enfrentemos con serenidad (Gelassenheit) ‒sin enajenarnos‒ los beneficios de los instrumentos y objetos que nos ofrece el mundo científico y técnico.

Así, tal como piensa Heidegger[2], debemos dejar entrar a los artefactos técnicos en nuestras vidas cotidianas, al mismo tiempo que debemos mantenerlos afuera, es decir, tenemos que sostener con ellos un vínculo simultáneo de afirmación y de negación.

Se trata pues, de poner los instrumentos a nuestro servicio y no alienarnos en ellos. Solo si no nos sometemos a la tiranía de los objetos de consumo y no exaltamos la servidumbre que nos ata a los instrumentos técnicos y la virtualidad de las imágenes, podremos crear una relación más serena con las cosas, y evitar así que las crecientes políticas de goce desplacen a las prácticas sublimatorias. 

Finalmente, tal como lo sostiene Heidegger, debemos rescatar de la esencia de la técnica aquello mismo que salva. Creo que esta salvación se habrá de producir si y sólo si reivindiquemos una postura ética y sostengamos valores, que nos liberen de la dominación del dispositivo (Das Ges-tell[3]), que tiende a entronizar la alienación en la tecnología, en las imágenes y en los objetos de consumo.

Con respecto al fetichismo de las imágenes anclado y propiciado por el mundo digital-informático, debemos consignar el doble régimen del funcionamiento de las mismas, dado que éstas pueden operar tanto como imágenes-velo o como imágenes-jirón.

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Playa Itzbu

Por Mónica Arzani 2675281

Recuerdo el día de la ceremonia, mi cuerpo desnudo frente al espejo, un cuerpo infantil, sin protuberancias femeninas, casi cubierto por mi cabello oscuro. La abuela me ayudó a colocarme la túnica y me acompañó hasta la entrada del bosque, era en la escollera de la playa Itzbu en donde debía esperarlo. En mi mano llevaba el ramo de novia, hecho de azucenas. Yo avanzaba despacio, tan serena y pálida como cualquier otra flor de mi ramo.

La luz cegaba mis ojos recién salidos del sueño, me había despertado apenas despuntaba el día. No sabía qué hacer con mi miedo y cuando miré el cielo con mirada de infancia, lo vi. Desplegaba una danza perdiéndose en las miles de formas que dibujaban las nubes, para volver a aparecer oscuro y vigoroso.

Él sabía perfectamente que hacer, a pesar de no ser de mi especie y hundió su pico en mi entrepierna para envestirme rítmicamente hasta flotar en la untuosidad de mi sangre.

Pasaba el tiempo y los sangrados se repetían con regularidad pero esta vez llenaban mi cuerpo de silencio y de tristeza. A pesar de que mi esposo cumplía ampliamente con los deberes maritales, yo no concebía. Un jardín sin frutos, como decía la abuela.

Hasta que un día las sábanas hablaron por si solas exhibiendo simplemente su blancura.

Sí, nuestra unión había sido bendecida por una maternidad múltiple. Después de empollar varios huevos, nacieron pajaritos muy pequeños, plumones amarillos en nada parecidos a mi fornido esposo pero como resultaron muy bulliciosos, decidimos no conservarlos. Por suerte el padre se ocupó de todo sin requerirme para nada.

Unos meses más tarde tuve un niño con características humanas, pero pasado un tiempo nos dimos cuenta que de su boca no más salían trinos y terminamos por regalarlo a un circo que un día de tantos apareció por el bosque.

A mi pájaro lo enojaron mucho estos tropiezos, parecía rasgar los cielos cuando volaba. Así fue que iba amaneciendo un día, cuando me dijo: te devuelvo a tu casa. Es demasiado temprano, le contesté. Te devuelvo igual.

Monté entonces su lomo esponjoso que guardaba todavía el aroma de mi cuerpo y del que me exiliaría para siempre y partí.

A vuelo de pájaro, fugaz como una ráfaga fui depositada en el umbral de la que volvería a ser mi casa, yo y mi pequeña vida. Y él se hundió sólo, en el horizonte púrpura del comienzo del día.

El resto de mi vida fue del color de los pétalos secados en la estufa. Transcurrió tranquila. Esposos, separaciones, hijos. Pero cuando el silencio y el espejo me amargan el día, me llego hasta la ventana y balbuceo su nombre mirando los cielos.

Sin Querer, un cortometraje de Graciela De Luca

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En Sin Querer, las pulsaciones del tiempo, nos introducen desde la primera toma, en una atmósfera teñida de un sentimiento imposible de nombrar.

Graciela De Luca nos lleva por esos pliegues a los cuales la palabra no llega; lo hace con el ritmo de sus tomas, con el color con el que parece velar la nada, con el compás repetitivo de un tempo que de pronto estalla y con la mirada puesta en el sesgo de lo representable. Mirada, diría yo, a lo femenino y su relación con el dolor, lo inabarcable de un cuerpo atravesado por las significaciones impuestas por el Otro.

Soledad Maidana deambula por la casa, como descolgada del deseo, del querer. Se puede sentir la gravedad de la carne, la densidad del tiempo, la rutina que ya no abriga un cotidiano desatado de sentido. La mirada perdida en objetos que, cotidianos, van desnudos, desfilando por espejos.

Este corto pone en evidencia una realidad difícil de nombrar y casi hecha de lado, la condición femenina en su dimensión estragada, es decir, cuando se deja tomar por los temporales del goce de un Otro que la devora a la vez que la expulsa. Ella, Soledad, sin querer, carcomida por llamados imperativos, empujes del tiempo que no perdona, rodeada de voces electrónicas. ¿Dónde queda el cuerpo? ¿Qué hacer con la imagen fragmentada? Sin llamada de amor, las voces surgen desde el super yo. Las imágenes avasallan. Intento de hacer cuerpo, choque, despertar. Despertar a la sexualidad y sus accidentes.

Imagen y gravedad, tiempo y peso. Estos son elementos con los que compone De Luca su escena de cámara.

La directora propone una estética finamente tramada para introducirnos en una experiencia en la que deseo, cuerpo y tiempo harán una figura cuyo anudamiento será comandado por el azar, por la irrupción de algo que pueda vérselas con el tiempo de otro modo.

Una nueva significación para el devenir.

 

Página oficial: http://sinquerer.weebly.com

Celebrando el nacimiento de Chabuca Granda *

Por Ani Bustamante

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El 3 de septiembre es una fecha que se mantiene tatuada en la vorágine del tiempo, pues es la fecha del nacimiento de Chabuca Granda. Podemos contar los años, el paso del tiempo que fluye incesante como ese “Rio de vino” al que le cantaba. Podemos poner una medida al recuerdo, fijar una fecha para celebrar.

94 años.

Es hermosa la doble acepción de la palabra “contar”, podemos contar uno a uno al compás del minutero o podemos contar una historia. En la canción se entreteje estos dos formas de “contar”, se cuenta el tiempo con el ritmo, se cuentan historias con la letra. Es aquí donde el júbilo se apodera de mis dedos escribientes, cuando ante el inevitable compás del tiempo, asisto maravillada a la trama que compone la canción:

Tiempo-Ritmo-Letra

Entonces, el tiempo ya no trae angustia sino festejo, zamacueca, landó. Chabuca compone, compone el tiempo con su cadencia. Compone nuestra tristeza con su voz.

La mejor forma de recordar a Chabuca es celebrando, dando tiempo a su música para que componga nuestra alma. Y a ver si así despertamos del sueño adormecido, para caminar hacia el nacimiento, para alojar los días nuevos, aquello que ella intuyó y cantó. Estoy convencida de que Chabuca Granda se dirigía, con sus puentes, caminos, ríos y veredas, a la invención de algo nuevo. Celebrar el cumpleaños de Chabuca Granda es seguir descubriendo su legado y explorar lo inadvertido de su obra.

Señora Granda, usaré una hermosa frase de Borges: «Gracias por la música, misteriosa forma del tiempo» gracias por recomponer el tiempo, con su ritmo.

* articulo escrito para Lima en escena

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